Apóstoles para los jóvenes


Mons. Enrique Benavent            Todos los años, alrededor de la solemnidad de San José, se celebra en nuestras diócesis el día del seminario. En esta jornada oramos por los seminaristas que se están preparando para el sacerdocio (tres en nuestro obispado), y le pedimos al Señor que los jóvenes cristianos vivan con la inquietud de descubrir la misión que Dios ha dispuesto para ellos y tengan la generosidad para responder positivamente a su llamada.

El próximo mes de octubre se celebrará la asamblea del Sínodo de los Obispos sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. El tema elegido por el Papa Francisco es de gran importancia para el momento actual de la Iglesia y para su futuro. Hoy ya no vivimos una situación de cristianismo sociológico y ambiental. El clima que se respira en nuestra cultura no está impregnado por la fe. Cuando esto ocurría los jóvenes se casaban por la Iglesia y la llamada al sacerdocio era algo vivido con normalidad en nuestros pueblos y en las familias cristianas. Actualmente, en cambio, la decisión de seguir a Jesús en el sacerdocio e incluso la decisión de contraer el sacramento del matrimonio para formar una familia cristiana, son opciones personales, que no se entienden más que desde el deseo de vivir en amistad con el Señor.

Esta situación tiene consecuencias en la pastoral con los jóvenes, que debe ser, ante todo, un acompañamiento personal que les ayude a conocer al Señor y a descubrir que el tesoro más grande que pueden encontrar es el don de la amistad con Él. Si son amigos de Jesús no tendrán miedo de plantearse la pregunta decisiva para su vida: ¿Qué quiere Jesús de mí? Y descubrirán que Él les da una fortaleza que no imaginaban para responderle con generosidad.

En el evangelio de San Juan leemos que los dos primeros discípulos de Jesús, le siguieron porque Juan Bautista se lo indicó y les invitó a que fueran con Él. Uno de esos discípulos, nos dice el evangelista, era Andrés (Jn 1, 40). El Precursor fue un “apóstol” para Andrés. Este encontró a su hermano Simón y le dijo: “«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús” (Jn 1, 40-41). Andrés fue un apóstol para Pedro, porque le habló de Cristo y lo llevó al Él. Al día siguiente, Jesús llamó a Felipe, quien a su vez le dijo a su amigo Natanael: “«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret»” (Jn 1, 45). Para vencer la incredulidad de Natanael le dijo: “«ven y verás»” (Jn 1, 46). Felipe fue el apóstol de Bartolomé.

Los jóvenes de hoy, para vivir la fe y descubrir su vocación necesitan experimentar que no están solos en el seguimiento de Cristo, que hay muchos más que también son cristianos. San Juan Pablo II lo intuyó y convocó las jornadas mundiales de la juventud. Pero eso no basta: necesitan también que alguien les invite personalmente a seguir a Cristo y les acompañe en el discernimiento de su vocación, que sean para ellos apóstoles que los lleven al Señor. El papa Francisco nos lo ha recordado al convocar el próximo sínodo de los obispos. Por tanto, no tengamos miedo de hablar a los jóvenes de Cristo e invitarlos a seguirlo.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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