En la Cuaresma del 2018


Mons. Julián Barrio         Queridos diocesanos:       Vamos a iniciar el tiempo litúrgico de la Cuaresma, “signo sacramental de nuestra conversión, que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida”, como nos dice el Papa en su Mensaje para la Cuaresma[1]. De manera especial la Iglesia nos llama a volver a Dios porque tal vez hemos abandonado el amor primero y nos mantenemos en esa tibieza que Él detesta, necesitando el colirio de la espiritualidad para que nuestros ojos puedan verle. Nos da esperanza saber que “el Señor está de pie a la puerta y llama. Si alguien escucha su voz y abre entrará en su casa, cenará con él y él conmigo” (cf. Ap 3,14-22).

La Cuaresma como llamada

La Cuaresma es una llamada: el Señor pronuncia nuestro nombre porque nos conoce, nos ama y está pendiente de nosotros. Lo más íntimo en nosotros no es nuestra debilidad sino Dios, como decía san Agustín. Hemos de tener muy presente esta realidad en nuestro peregrinar cuaresmal para no encerrarnos en nuestro bucle egocéntrico ni vivir una vida de mínimos. Nuestra vida puede ser respuesta cuando nos hemos dejado preguntar por Dios. Así podremos ver las debilidades como oportunidades para que se muestre la fortaleza de Dios. El Papa nos advierte que hemos de liberarnos de los falsos profetas que nos inducen a pensar que un placer momentáneo es la felicidad o que nuestra afirmación humana es fiarnos de nuestra autosuficiencia o que puede haber fecundidad apostólica y espiritual al margen de la cruz. “No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es mentiroso y padre de la mentira, presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre”. Recordemos aquellas palabras del evangelista San Juan: “Queridos míos, no os fieis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo… Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha” (1Jn 4,1.5). Necesitamos hacer un chequeo a nuestro corazón para evitar todo aquello que apaga la caridad en él. El Papa hace referencia a la avidez por el dinero, al rechazo de Dios, a la violencia contra aquellos que consideramos una amenaza, a la negligencia en cuidar nuestra casa común: la tierra, el mar, los cielos, y a la mundanidad espiritual que “es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal” (EG 93).

Remedios para estos síntomas

Para remediar estos síntomas de la enfermedad que apaga la caridad la Iglesia, ayer como hoy, nos propone la oración, el ayuno y la limosna que nos ayudan a encontrarnos con nosotros mismos, con los demás y con Dios en el camino hacia la celebración del misterio pascual. La oración, según la reflexión del Papa, “hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con los cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios”. El ayuno “debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer”. La limosna que ha de ser un estilo de vida, “nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío”. Como escribió el apóstol San Juan: “Si alguno dice: ‘amo a Dios’, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn 4,20-21). Se nos pide dar una respuesta desde la fe y desde el Evangelio a los niños que están perdiendo insípidamente su infancia, a los jóvenes que no encuentran sentido a su vida, a los adultos que vagan en la indiferencia, a las familias que están resquebrajándose, a los ancianos que gastan el atardecer de su vida sin motivos para la esperanza.

24 Horas para el Señor

En este camino cuaresmal no olvidemos la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 8 y el sábado 9 de marzo. En la adoración eucarística encontramos también el clima propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Ruego que en la Catedral, en las parroquias y en las comunidades religiosas se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de 24 Horas para el Señor.

¡Feliz camino hacia la Pascua! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

[1] FRANCISCO, Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría (Mt 23,12)

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