Jornadas de la Paz, Migrantes y Refugiados (II)


Mons. Enrique Benavent               Celebramos este domingo la Jornada Mundial del Migrante y del refugiado. El papa Francisco, en el mensaje que ha dirigido a la Iglesia para esta jornada amplía algunas ideas del mensaje de la Jornada Mundial de oración por la Paz. Concretamente nos recuerda que el compromiso de los cristianos y de las personas de buena voluntad para que los inmigrantes y refugiados puedan encontrar la paz que buscan, se puede resumir en cuatro acciones: acogerprotegerpromover e integrar.

Frente a las políticas que dificultan el derecho de todo ser humano a buscar un lugar que les ofrezca la posibilidad de vivir en paz y dignamente, “acoger significa, ante todo, ampliar las posibilidades para que los emigrantes y refugiados puedan entrar de modo seguro y legal en los países de destino”. Todos los casos no pueden ser tratados del mismo modo: los motivos humanitarios y de reunificación familiar deberían ser tenidos en cuenta de una manera especial. Este tema requiere de las autoridades imaginación y audacia en la búsqueda de soluciones que tengan en cuenta la centralidad de la persona humana, como es la posibilidad de visados temporales para las personas que migran a países vecinos huyendo de conflictos y guerras. En todo caso habría que evitar siempre las expulsiones colectivas y arbitrarias hacia países en los que no se garantiza el respeto a los derechos fundamentales.

El compromiso de proteger al emigrante consiste en promover acciones en defensa de sus derechos y dignidad “independientemente de su estatus migratorio”. Los derechos básicos de la persona preceden a su estatus legal y siempre deben ser respetados. Todo ser humano tiene derecho a lo necesario para la subsistencia vital; al acceso equitativo a la justicia; a un trabajo; a la libertad de movimiento; a la asistencia sanitaria… Los menores de edad deberán ser protegidos de una manera especial y habrá que ofrecerles la posibilidad de continuar sus estudios y recibir una educación digna.

Promover quiere decir trabajar con el fin de que a todos los emigrantes y refugiados se les dé la posibilidad de realizarse como personas”. Si las dos acciones anteriores pretenden que no se conculque su dignidad, esta tiene una dimensión más positiva. El emigrante no es solo una persona cuya presencia se soporta o se tolera, sino que hay que trabajar por su bien.

El esfuerzo de integrar exige trabajar por una cultura del encuentro, favoreciendo ocasiones de intercambio cultural y promoviendo aquellas actitudes que suponen un reconocimiento mutuo de los valores presentes en las distintas culturas, que dignifican a la persona humana.

En definitiva, lo que el Papa quiere es que los cristianos no nos dejemos influir por mensajes negativos que provoquen el rechazo, sino que potenciemos siempre actitudes positivas hacia los emigrantes, pensando ante todo en su dignidad humana y viéndolos como hijos de Dios.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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