Mons. Jaume Pujol                  Hacia 1450, en Maguncia (Alemania), Johannes Gutemberg, inventor de la imprenta, editó la Biblia. Aunque hizo un primer ensayo con el Misal de Constanza, se considera que fue el primer libro impreso de la historia. De aquellas Biblias hizo unos 180 ejemplares. No hay que decir que desde entonces se han hecho muchos millones en todas las lenguas.

Hoy, fiesta de Cristo Rey, cierre del año litúrgico, deseo presentaros una iniciativa eclesial: la Semana de la Biblia, que será del 27 de noviembre al 2 de diciembre, y que culminará el próximo domingo día 3 con el Domingo de la Palabra.

Esta iniciativa fue lanzada por el Papa Francisco cuando pidió que un domingo del año litúrgico cada comunidad hiciera el compromiso de difundir, conocer y profundizar en la Sagrada Escritura. La Biblia es un tesoro para todos que a veces duerme durante años en una estantería de nuestras casas, cuando en realidad es Palabra viva que nos puede servir de inspiración en el amor a Dios y en llenar de sentido nuestra vida.

En su conocido ensayo Vivir con la Biblia, el cardenal Carlo Maria Martini decía que las experiencias que relata «nos pueden ayudar a autocomprendernos, a leer con libertad nuestra historia, las etapas de nuestro camino».

Nos propone varios ejemplos considerando algunos de los principales protagonistas del Antiguo Testamento. Así, asomándose a la misión de Moisés y a su responsabilidad con el pueblo, «cada uno de nosotros es responsable de los que conoce, de sus problemas, de su peso; nos sostenemos mutuamente».

De Job y sus tribulaciones contra las que se rebela podemos aprender: «He hablado sin inteligencia de maravillas que me superan y que ignoro» […] «yo te conocía de oídas, pero ahora te han visto mis ojos». Y de David, arrepentido: «Mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar está ante mí».

Hace un tiempo el Museo Bíblico de Tarragona presentó una exposición de personajes bíblicos, como los mencionados, pero también Abraham, Jacob, José, los profetas… para hacer didáctica la historia bíblica. El Antiguo Testamento, que podemos leer a la luz del Nuevo, es además fuente de nuestra cultura.

Con motivo de esta semana y del Domingo de la Palabra, os invito a renovar la lectura de la Biblia, comenzando por donde queráis, quizá por los Evangelios, los Hechos y las Cartas, y hacerlo si no cada día al menos cada semana. Leída con atención y con ilusión de un redescubrimiento, es un pozo del que siempre podremos extraer el agua fresca de la palabra de Dios.

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado