No amemos de palabra sino con obras


Mons. Enrique Benavent            Con este lema celebramos por primera vez la jornada mundial de los pobres. Es voluntad del Santo Padre que todos los años se celebre el domingo XXXIII del tiempo ordinario. Con esta iniciativa, el Papa Francisco quiere mantener vivo en la Iglesia el mensaje del Jubileo de la Misericordia: “Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados” (nº. 6).

En qué se distingue esta celebración de otras jornadas de solidaridad que tenemos en la Iglesia a lo largo del año, como las de Caritas o Manos unidas? En la mente del Papa esta jornada no se instituye para que demos otra vez una aportación económica para los más necesitados. Pretende que nos centremos en la persona del pobre para que le testimoniemos de una manera personal el amor de Dios. Hacer un donativo puede convertirse en una acción impersonal y, en el fondo, encierra una cierta comodidad. Pensamos que ya hemos cumplido con nuestra obligación de la caridad y confiamos que los responsables y voluntarios de las instituciones caritativas ya se encargarán de que llegue a su destino.

Esta jornada quiere invitarnos a que, personal y comunitariamente, nos acerquemos a los pobres: son personas y, por tanto, hijos de Dios. Debemos vencer los miedos y reparos a aproximarnos a ellos. Se trata de llegar a encontrarnos con la persona que sufre, pasa necesidad, es despreciada, ignorada o vive en soledad. Este compromiso es mucho más exigente que dar una limosna para tranquilizar nuestra conciencia.

Desde que hace unos años se aprobó en nuestra diócesis el plan estratégico de Caritas diocesana, estamos insistiendo en que lo más importante de la acción de Caritas no es la cantidad de recursos que se destinan o el número de personas atendidas. Lo más importante es que acogemos, acompañamos y atendemos a las personas. Ellas están en el centro de toda la acción caritativa de la Iglesia. Con esta jornada el Papa nos recuerda que esto no es únicamente misión de los voluntarios que ya se encargan de esto, sino que es deber de todos los cristianos.

Ocurre también con frecuencia que las personas que son atendidas por las insituciones de la Iglesia desconocen la vida eclesial. El Papa sugiere en su mensaje para esta jornada que no solo nos acerquemos a ellos personalmente, sino también comunitariamente y propone una iniciativa concreta: “invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo” (nº 7). De este modo conocerán de donde nace nuestro compromiso.

Sean cuales sean las iniciativas concretas que personal o comunitariamente realicemos, todas nos han de recordar la exhortación del apóstol San Juan que es el lema para la jornada de este año: “No amemos de palabra, sino con obras”.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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