La mujer en su Iglesia – Las lágrimas


Mons. Francisco Cerro              La mujer no sólo es igual en su dignidad a todo hombre, sino que su papel es fundamental y clave en su Iglesia. Sin la mujer no hay vida. Sin su “sí” no se abren las puertas al Señor que viene.   Sin su amor la tierra languidece de esperanza. Me impresionaron estas palabras de los judíos en el Talmud que a mi manera he traducido y sintetizado. “Tened de verdad mucho cuidado con hacer llorar a una mujer. Dios vela por las lágrimas de las mujeres. Sabéis que la mujer ha salido de la costilla del hombre, no de los pies para poder ser pisoteada, tampoco de la cabeza del hombre, no del costado, sino un poco más abajo, del lado del corazón, para ser protegida, para ser amada, para ser siempre compañera inseparable del corazón humano. Para ser el corazón de la familia, de la vida.

Me impresionan las lágrimas de cualquier ser humano. Las de la mujer me conmueven hasta decir: ¡basta! Todo daño que se haga a cualquier ser humano es intolerable, a las mujeres clama al cielo.

No se puede hacer daño a nadie, pero menos aún  a la mujer que lleva en su seno, en sus entrañas, en su ser torrentes de vida, de ternura, de amor, derrochadora incansable de justicia. Luchadora de los derechos humanos más necesarios.

Su servicio en la Iglesia es impagable. Jesús que jamás tuvo ningún enemigo que llevase el nombre de mujer, siempre las comprendió, las valoró, las hizo sus amigas y las eligió para su seguimiento y entrega en los servicios más delicados. A una de ellas, María Magdalena, la eligió para ser testigo de su Resurrección, el acontecimiento más clave de la humanidad. El Papa Francisco ha elevado la celebración de María Magdalena al rango de fiesta al mismo nivel de los apóstoles.

Las mujeres en su Iglesia con su entrega y sus lágrimas, su ternura son auténticamente portadoras de Buena Noticia y como dice Enzo Braschi, un monje que sus libros son muy leidos en el mundo y con el cual tuve la suerte de compartir mesa y escucharle una conferencia a los religiosos y religiosas en una semana de formación: “Lo que se debería pedir es que se les permitiera a las mujeres también en las instituciones eclesiásticas lo que se les permite en el monacato que desde el principio reconoce a las mujeres la posibilidad de gobierno, predicación, enseñanza doctrinal y dirección espiritual”.

A pesar de lentitudes nuestra Diócesis desde hace muchos años vive en esta dirección. La mujer en su Iglesia con el carisma “mariano” nos impulsa a una fidelidad, aun amor que se hace vida entregada y generosa.

¡GRACIAS, SEÑOR, POR LA MUJER EN SU IGLESIA!

+ Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

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