Llamada a la vigilancia


Mons. José Manuel Lorca           En la Palabra de Dios de este domingo encontramos dos consejos que no podemos olvidar: El primero es la llamada a la sabiduría de saber esperar, para que no nos alejemos de lo fundamental, de estar siempre cerca de Dios, porque el cristiano se distingue por la esperanza, el hombre de fe se distingue porque es capaz de esperar. El segundo consejo es la invitación a la vigilancia, a que abramos los ojos para estar siempre preparados, atentos y previsores, porque somos peregrinos y estamos en camino, siempre expuestos a muchas dificultades y tentaciones y para esta aventura necesitamos la luz de la fe, estar cerca de Cristo expectantes y con las lámparas encendidas. Estas lámparas son las de la fe, la esperanza y el amor. Son las luces que ha encendido Dios en el corazón de los creyentes, para iluminar el mundo con la lámpara del Evangelio.

En la parábola que expone Jesús a sus oyentes nos pide que tengamos muy clara nuestra meta, hacia quién caminamos, que no es hacia otro sino Cristo Resucitado, y que seamos previsores, porque el camino es largo y por eso hay que estar atentos para que nada ni nadie nos aparte de Nuestro Señor. Los peligros están muy cerca de cada uno y nuestra condición es frágil, así que vigilemos para mantenernos firmes en la decisión y con las lámparas encendidas, provistas del aceite, que alimenta la fe y la sabiduría que desciende de Dios. Aprovechemos este día para prestar atención a las bellas palabras de la primera lectura donde se hace un canto a la sabiduría, que nos anima a la esperanza y recupera nuestras fuerzas. La sabiduría, como don del Espíritu Santo, se anticipa a quien la desea y sale al encuentro de quienes son merecedores de ella. La sabiduría te acerca a Dios y te abre todas las puertas para que tu caminar de peregrino te lleve a Él.

Mantener la lámpara de la fe encendida es nuestra tarea, para saber distinguir lo que es esencial de lo pasajero, la vida eterna de lo terreno; la fe, que te abre el horizonte de luz e ilumina el camino para afianzarte en tus pasos hacia la Vida en Cristo; la lámpara llena de aceite para que puedas cumplir el deseo de ver a Dios, el deseo de su presencia, de su misericordia y de su perdón. Tu lámpara encendida, que ilumina tus pasos, hacia la meta clara de Dios, te permite avivar la esperanza y experimentar el gozo de caminar para encontrarte con el Amado. Otra vez más, el ejemplo de la Santísima Virgen María, Madre de la Esperanza, nos sirve para agarrarnos fuerte a Nuestro Señor, como Ella, y pedirle que nos dé un alma vigilante, porque estamos llamados a ser luz, a ser profetas del Señor, que nos trae la Vida eterna; estamos llamados a seguir anunciando a Cristo Resucitado, como heraldos de la Nueva Evangelización, pero con el ejemplo de vida; con un testimonio vivo del amor y de la misericordia de Dios; como hermanos que se entregan a los demás con la fuerza de la caridad…

En este domingo oiréis muchas veces que es el Día de la Iglesia Diocesana, seguro que habréis visto los carteles a la entrada del templo. Ya veis, todos los años os recordamos el mandamiento de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, es nuestra madre la que nos pide ayuda. Colabora con generosidad. Agradecido en el Señor, os bendigo.

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