“Llamados a formar un Nuevo Pueblo”


Mons. Juan Antonio Menéndez         Queridos diocesanos:  Me es grato presentaros un nuevo Plan Pastoral Diocesano que lleva por título: “Llamados a formar un Nuevo Pueblo”. Después de una amplia consulta a los responsables de la acción pastoral, tanto sacerdotes como consagrados y seglares, una comisión redactó el Plan Pastoral que tendrá una vigencia de cuatro años. La llamada a la fe y la formación de comunidades cristianas vivas son los dos acentos en los que se basa el nuevo Plan para que impregnen toda la actividad pastoral de las parroquias, comunidades e instituciones: la llamada y la formación de la comunidad.

Dios es el único que llama a las personas a ser sus hijos en su Hijo Jesucristo.Jesús dice a sus discípulos al finalizar el discurso del pan de vida:“Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado” (Jn6, 44-45). Y en otro lugar añade: “No me habéis elegido vosotros a mí;sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda” (Jn 15, 16, 17). Por tanto,la llamada a la fe y a la vida cristiana, que es la vocación fundamental,proviene de Dios, no de los hombres. Dios sale al encuentro del hombre de muchas maneras para lo cual cuenta con nosotros, principalmente con nuestro testimonio y nuestra predicación de la Palabra. Nosotros,por tanto, podemos acompañar y confirmar la llamada divina; pero es la propia persona en el ejercicio de su libertad y responsabilidad la única que puede responder con la fe a la llamada de Dios. En el documento preparatorio del próximo Sínodo sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” se dice que “si la vocación a la alegría del amor es la llamada fundamental que Dios pone en el corazón de cada joven para que su existencia pueda dar fruto, la fe es al mismo tiempo don que viene de lo alto y respuesta al sentirse elegidos y amados”.

El Plan Pastoral plantea como retos importantes a la acción evangelizadora
de la Iglesia que peregrina en Astorga, en primer lugar, la llamada
que hemos de hacer a las personas que no tienen fe, o tienen una fe
tibia o dormida; y en segundo lugar, nos llama a los cristianos que practicamos
de una forma habitual la fe para que profundicemos en el compromiso
y el testimonio de santidad con la ayuda de la gracia de Dios.
Para realizar esto se necesitan apóstoles con valentía como Pedro y los
demás el día de Pentecostés. Se necesitan testigos de la resurrección
de Cristo con espíritu atrevido, como nos dice el Papa Francisco, que
no hablen de oídas de las cosas de la fe y de Dios sino desde la propia
experiencia; y, además, que sepan dar respuesta convincente de la fe
tanto desde el punto de vista intelectual como testimonial.

La llamada al seguimiento del Señor como discípulos es la llamada fundamental
que hemos recibido en el bautismo y que desarrollamos a lo largo de nuestra vida. Desde esta llamada fundamental, cada fiel cristiano tiene la dicha y al mismo tiempo la responsabilidad de ser testigo de Jesús y misionero de su evangelio. Pero el seguimiento de Jesús no es unívoco sino variado porque el Espíritu Santo llama a los fieles a adquirir nuevos compromisos en una vocación específica. El Plan Pastoral resalta tres llamadas vocacionales: al matrimonio, a la vida consagrada
y al ministerio sacerdotal. Estamos seguros que el Señor sigue llamando a los jóvenes a la vida matrimonial, a la vida consagrada y al sacerdocio. El problema está en las interferencias espirituales de la cultura secularista. Los ruidos del materialismo, el relativismo y el hedonismo imperantes en la sociedad actual impiden a muchos jóvenes y también a niños y adultos escuchar con nitidez la llamada del Espíritu Santo para seguir a Jesús más de cerca. No sólo impiden escuchar sino que también impiden dar una respuesta libre y en conciencia.

El otro acento del Plan coincide con el tercer reto pastoral: la configuración
de nuevas comunidades cristianas con verdadero espíritu misionero y evangelizador. En este sentido tenemos por delante la gran tarea de reorganizar las estructuras parroquiales de modo que se adapten a la realidad sociológica y eclesial de este momento. Muchos pueblos que hasta ahora eran parroquias con un número suficiente de personas, se han convertido en pequeñas aldeas casi deshabitadas. Se
impone la unión de las parroquias en entidades más amplias para que
en ese lugar concreto podamos garantizar, ahora y en el futuro, la vida
y el testimonio de una comunidad cristiana fraterna y misionera.

(Sigue...)

+ Juan Antonio Menéndez Fernández

Obispo de Astorga

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