Caminar en el atardecer


Mons. Mario Iceta        Barriro bidean      Al comenzar un nuevo curso pastoral, nos ponemos de nuevo en camino respondiendo con generosidad y sin demoras a la llamada del Señor que nos invita a echar las redes y remar mar adentro. Tenemos la certeza de no ir solos, sino con Quien nos ha convocado. Él sostiene nuestro caminar y nos indica, con el soplo del Espíritu, los caminos a recorrer. Así lo hicimos cuando, durante dos años, en clima de oración y encuentro fraterno, discernimos estos caminos, que quedaron plasmados en nuestro V Plan Diocesano de Evangelización. Quisimos seguir las huellas luminosas indicadas por la exhortación apostólica la alegría del Evangelio del Papa Francisco.

  1. Ebanjelizazino Egitasmoagaz aurrera

Hemos realizado ya el “paso del ecuador” de nuestro plan y el atardecer avanza. Quedan dos años de vigencia de dicho plan, por lo que parece muy oportuno que cada parroquia, unidad pastoral, comunidad e institución eclesial se vuelva nuevamente hacia Dios en actitud orante y de escucha para discernir el camino del nuevo curso que comienza y cómo orientar la acción pastoral en este tiempo: en qué aspectos concretos de la labor pastoral poner el acento, cómo promover y suscitar las diversas vocaciones que lleven adelante estas tareas evangelizadoras, cuáles son las herramientas, procesos y pedagogías más adecuadas para ello y, principalmente, pedir con insistencia y sin desfallecer la gracia del Espíritu para que la tarea que queremos emprender dar frutos abundantes según la voluntad de Dios.

Altxatu, bagoaz

Jesús, camino de la pasión, voluntariamente aceptada, urgió a los apóstoles en el huerto de Getsemaní: “levantaos, vamos”. También, al comienzo de curso, se vuelve a nosotros para decirnos lo mismo. No tengamos miedo. Él va por delante y nos enseña el camino. Son palabras propias de la urgencia de un amor que desea entregarse hasta el extremo para ser fuente de vida y esperanza para nosotros y para toda la humanidad. A pesar de que pueda invadirnos una sensación de que la indiferencia circundante ante el mensaje evangélico puede sofocar el ardor de evangelizar y comunicar la Buena Nueva, estoy persuadido de que en el fondo del corazón humano se encuentra siempre y en toda circunstancia el deseo de Dios. Pero muchas veces este deseo está sofocado por los agobios, los problemas, los sufrimientos, las contrariedades de la vida. Y también por nuestras incoherencias, contradicciones y faltas de un verdadero testimonio de discípulos de Jesús.

Ikasi daigun Jesusen irakasgaietatik

Vienen a mi memoria las palabras que dedica el evangelista Lucas a los testigos de Emaús, que eran “incapaces” de ver al Señor. Muchas veces también experimentamos nosotros esa misma incapacidad. Y la vemos en muchos hermanos y hermanas que nos rodean. Pero Jesús, con su pedagogía, su paciencia y cariño, su amor y misericordia, con su gracia, hizo que “se les abrieran los ojos y lo reconocieran al partir el pan”. Es la gracia que pedimos al comienzo de este curso. Aprender de esta pedagogía del Jesús. Acercarnos a quienes tienen esta “incapacidad” de percibir a Dios con esa misma humildad y afecto. Ayudarles a comprender el sentido de la vida, la promesa de un amor infinito que se encierra en el encuentro con el Señor, acompañarlos para que sean capaces de leer la historia de su propia vida para ver la presencia siempre operante y consoladora de Dios más allá de las dificultades que jalonan la existencia. Anunciar la Palabra y partir el pan de la Eucaristía, repartir el pan material, compartir los dones de la creación para que la vida recomience desde Jesús. Es una tarea hermosa y apasionante. Dios la quiere, Él la sostiene. Escuchamos nuevamente: “Levantaos, vamos”, ¡merece la pena participar de esta aventura del Señor! No cabe perder el tiempo, hacernos los remolones o mirar para otro lado. Pongámonos cada uno manos a la obra en la tarea evangelizadora concreta. Nos valen los grandes discursos ni sesudas reflexiones, sino lo concreto, el aquí y ahora.

Ama Birjinari gure ondoan egoteko eskatzen deutsat

Pido a la Virgen María que nos acompañe en el camino del año pastoral que vamos a comenzar. Ella, de modo discreto, siguió los caminos de su Hijo hasta su cruz y resurrección. Ella acompañó también a los discípulos desorientados tras la Pascua, alentando su fe y sosteniendo su esperanza. También pedimos para nosotros esta ayuda, aliento y compañía. Que la bendición de Dios venga sobre nosotros y oriente, sostenga y fortalezca nuestra tarea evangelizadora llenándola de alegría y esperanza. AMEN.

 

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

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