Fiesta nacional de Catalunya: Reflexiones desde la Iglesia…


Mons. Francesc Pardo i Artigas          Este lunes celebramos la “Diada nacional de Catalunya” (Fiesta nacional de Cataluña). Una celebración cargada de significados: memoria de nuestra historia, agradecimiento de lo que somos, recuerdo de todas las generaciones que han construido nuestro país, reivindicación de un futuro con más libertad, justicia y fraternidad, manifestación de nuestro compromiso por el hoy y el mañana.

Los que somos cristianos recordamos con agradecimiento las raíces cristianas que han configurado de forma importante el ser y actuar de nuestro pueblo, deseando que el cristianismo que ha configurado la dimensión religiosa y espiritual, la cultura, las fiestas, el patrimonio, el arte, la economía, la política… no sea arrinconado ni olvidado.

Si ha configurado el pasado y ha contribuido al presente, debe valorarse la fuerza profunda que tiene para modelar el futuro humanizando la persona y la sociedad.

Lo reconocemos teniendo en cuenta, eso sí, nuestras deficiencias y errores del pasado, pero conscientes de las potencialidades que podemos ofrecer.

Olvidar esta dimensión en los proyectos de presente y de futuro puede significar un empobrecimiento para todo el país, no tan solo para los creyentes, sino para Cataluña.

Vivimos tiempos complicados, por la crisis económica, por la situación del país, por la violencia, tan presente en nuestro entorno, y por tantas crisis humanitarias que interpelan nuestra conciencia.

Es en estas circunstancias cuando los católicos habríamos de saber aportar a la convivencia nuestros mejores valores: el respeto por las opiniones lícitas de aquellos que piensan de forma diferente a la nuestra. No hablo tan solo de tolerancia. Tolerancia quiere decir aguante. Aguantamos una carga, o una situación adversa, o muchas cosas que no nos gustan. Hablo de respeto. Saber acoger y dialogar. Sin respeto la convivencia se marchita y se pierde el nudo de las relaciones. Hemos de ser respetuosos y hemos de saber pedir respeto a los demás y para los demás.

La esperanza, cosa diferente a la ilusión, es la virtud que nos lleva a mirar con confianza el futuro, a esforzarnos por superar las dificultades, a crecer como los árboles, y a hacernos comunidad.

Caridad, en su sentido más profundo. Mirar a los demás de forma amorosa y salvadora. Ayudarles a crecer y a superar las dificultades.

Verdad, ya que, en cualquier conflicto, peligra que sea la primera víctima. El recurso a la mentira o al engaño es muy fácil en este nuestro mundo. Debemos estar despiertos y esforzarnos por discernir entre aquello que es cierto y lo que no lo es.

Valentía. Recordemos que, en el evangelio, queda claramente expuesta en la parábola de los talentos. Es el miedoso, quien entierra su talento, quien se equivoca.

Se nos pide ser activos en la labor de construir la convivencia de cada día, en los momentos importantes, pero también en la cotidianidad.

Las dificultades personales y colectivas que nos toca vivir son desafíos que nos ponen a prueba, que nos obligan a luchar y a crecer como personas. Y que nos han de hacer más fuertes.

¡Una buena “Diada”!

Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

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