Diez años de obispo


Mons. Francisco Cerro          Fue el 21 de junio de 2007 cuando la Santa Sede hizo público mi nombramiento de obispo de Coria-Cáceres, con una alegría inmensa y con un cierto respeto y miedo, que todavía perduran, con la convicción de que la llamada a la misión me desborda y la confianza en el Corazón de Jesús, que ha sido y es la fuerza de mi vida, me conforta. El día 2 de septiembre de 2007 fue la ordenación en la catedral de Coria.

Tres claves se han ido subrayando en mi vida,tres subrayados que quiero compartir, aunque sean también muchas veces deseos que una y otra vez presento al Señor de la Misericordia:

1. CADA VEZ ME LO CREO MÁS. Cada vez estoy más feliz e ilusionado. Me creo más que, aunque mi pobreza me asusta, me llena de gozo la esperanza de saber que, como decía San Pablo:
“todo lo puedo en Aquel que me conforta”. Me creo más la fuerza del Señor en mi debilidad y pobreza. Sé que la empresa la lleva Él con los proyectos de su Corazón. Él me pide que me lo crea que apuesta por seguir remando mar adentro. Los sufrimientos se ven compensados por las grandes alegrías de Quien ni me ha dejado ni me dejará. Sigo repitiendo una y otra vez en mi oración diaria que el Señor no elige a los capaces, pero capacita a los que elige para su misión de Amor y esperanza.

Cada día me creo más que el ministerio episcopal exige una y otra vez echar las redes en todo lo que vivimos y hacemos con una esperanza cierta de que el Señor va a través de nuestras limitaciones y defectos construyendo y haciendo realidad muchas cosas que nos parecía que no iban a llegar nunca.

2. SOLO ME PIDE QUE TRABAJE TODO LO QUE PUEDA. No quiero que la soberbia inunde mi vida pensando que en todo soy necesario e imprescindible. Poco a poco el Señor va dando paso a trabajar todo lo que pueda y es mucho lo que se puede hacer. Recuerdo cuando era más joven que me decía mi obispo: Trabaja ahora que es tiempo, “gástate y desgástate en el servicio del Señor”, después vendrán tiempos que aunque quieras ya se habrá pasado el arroz. Sigo creyendo que todavía puedo trabajar mucho con ilusión. Es mucho lo que queda
por vivir y por hacer.

3. CONTIGO, SEÑOR, SOY FELIZ AQUÍ, AHORA. Con el Señor soy inmensamente feliz, aquí y ahora, y aunque siempre estoy disponible para vivir con alegría el presente, que esto sí que lo tengo y no debo desaprovecharlo. Con el Señor soy inmensamente feliz. No he dejado tregua en mi corazón al cauce de la amargura.
Solo vivo el presente aquí con vosotros, con inmensas ilusiones: diócesis, Sínodo, Seminario, catedral, laicos, parroquias, consagrados, comunidades, jóvenes… donde una y otra vez con el Corazón de Cristo, con nuestra Madre repito: “LA VIDA VA POR TI”.

† Francisco Cerro Chaves,
Obispo de Coria-Cáceres

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