El Sembrador salió a sembrar (2) – Hoy, los sembradores continúan sembrando


Mons. Francesc Pardo i Artigas        Hoy, los sembradores del Evangelio son también muy conscientes de las tierras donde hace falta sembrar (las personas), de las semillas más convenientes, de acuerdo con las características de nuestra época.

– Evangelizar es sembrar la palabra de Dios, palabra viva y de salvación: Jesús.

Evangelizar es sembrar las semillas del amor de Dios. Y si el sembrador es un buen labrador ha de prestar mucha atención en saber cuáles son las mejores semillas para cada tierra. Debe fijarse en les semillas y en las tierras —los distintos tipos de tierras—, porque “hay semillas que dan el cien, otras el sesenta y otras el treinta por uno; hay terrenos áridos y estériles, con muy poco grueso, con muchos cardos, o de tierra buena”… También hay semillas muy pequeñas, como el grano de mostaza, que, una vez sembradas, crecen y generan grandes árboles”…

–  La tierra donde debe sembrarse.

Se constata que hay muchas y diversas concepciones de lo que significa ser persona; tenemos la realidad de las grandes tradiciones religiosas; hay muchas ofertas que pretenden ser salvadoras, transmisoras de felicidad. Diversas maneras de pensar, de vivir, de entender el mundo, Dios… Además, hay que pensar en cada persona, en su edad, preocupaciones, historia personal, experiencias…

– El desprestigio de la fe cristiana y de la Iglesia entre algunos colectivos.

Lo formularé de forma gráfica. Cuando la gente, y en especial los jóvenes, buscan salvación, paz, perdón, felicidad, ayuda para vivir, estimación… con frecuencia no piensan en la Iglesia, y por ello no se fijan en Jesús, ni en el Evangelio.

Puede que algunos se fijen en Jesús y en el Evangelio, pero no en la Iglesia. Es en este punto cuando se produce una fractura en la evangelización. Éste, a mi entender, es el gran reto que tenemos planteado.

–   Creer en el Espíritu. Contemplar la obra de Dios en cada persona.

Es necesario descubrir, contemplar, amar, agradecer y celebrar la presencia y la obra de Dios en cada persona, que se da antes de que nosotros lo hagamos. Este reconocimiento de la iniciativa gratuita de Dios podría calmar la inquietud que nace de nuestro protagonismo.

Una actitud previa del sembrador —evangelizar es intentar leer la “presencia u obra de Dios” en el corazón de cada persona; y, al mismo tiempo, “su ausencia”.

–  La comunicación necesaria.

La evangelización puede brotar, se puede dar, donde se establece el encuentro entre personas, por medio de una relación positiva y a través de una comunicación interpersonal. “Donde hay caridad y amor” se abre la puerta a la Buena Nueva que viene de Dios.

Si el evangelio es Buena Nueva ha de hacerse notar como “Nueva” y como “Buena”, de forma entendedora y comunicativa que tenga en cuenta el lenguaje —términos comprensibles—, y al mismo tiempo todo lo que significa la comunicación “no verbal”.

–  La comunidad cristiana.

La importancia decisiva de la comunidad.  Entre el Cristo glorioso y la gente normal y corriente existe la comunidad cristiana. La comunidad cristiana anuncia, celebra, verifica el  Evangelio de Jesucristo.

–  Hechos observados que nos indicaran semillas a sembrar: búsqueda de la felicidad, deseo de una vida saludable, rechazo del mal, deseo de espiritualidad, en qué o en quién se puede esperar  hallarla, deseo de libertad, de igualdad y fraternidad, exaltación de la propia identidad, búsqueda de nuevas sensaciones y experiencias.

¿El Evangelio responde a estos hechos?

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

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