Los cuatro valores


Mons. Jaume Pujol              En una plaza de Atenas se encontraba un día un hombre que vivía de la adivinación. Otro se le acercó, pretendiendo tomarle el pelo mediante una astucia. Llevaba un pajarito en la mano cerrada y le puso a prueba: «Llevo un pájaro en la mano. Si usted sabe tanto, dígame si está vivo o muerto». Si hubiera dicho «vivo», hubiera apretado más la mano y el pájaro aparecería muerto, y al revés, si la respuesta era «muerto», abriría la mano y saldría volando.  El adivino contestó: «El pájaro está como tú quieras, vivo o muerto.»

Como el pájaro de aquel hombre, nuestro destino está en nuestras manos. Hay muchos factores que determinan nuestra vida, pero los que pesan más son nuestras propias decisiones, y eso es así porque las personas poseemos algo intangible muy importante: la libertad. Sí, tenemos el futuro en nuestras manos. En contra del determinismo, la Iglesia siempre ha considerado que gozamos de un don, un valor que es la libertad, «un signo eminente de nuestra imagen divina», como dice el Concilio Vaticano II.

Junto a la libertad, la Doctrina Social de la Iglesia destaca otros tres valores: la verdad, la justicia y la caridad.

La verdad es el fundamento no solo de todo conocimiento sino también de las relaciones interpersonales y sociales. El demonio tiene por sobrenombre «padre de la mentira», y es que no hay nada que nos aleje tanto de Dios y de los demás como el mentir, actitud que no pierde actualidad a juzgar por la acuñación del término «posverdad» con el que se designa la alteración de lo verdadero con fines de tergiversar la opinión pública sobre un hecho.

La justicia se basa en la dignidad y el derecho de las personas, que son anteriores a cualquier otra consideración. Por ejemplo, en las relaciones laborales, recibir el salario justo no puede depender de la ley de la oferta y la demanda, o de la voluntad de enriquecimiento del empresario. Es otro pilar de la civilización. Si los griegos enseñaron a buscar la verdad, los romanos nos legaron la justicia.

Y al lado de estos valores, al ser cristianizados, está el amor, la caridad que les complementa y supera a todos. Sin amor a los demás, la tentación sería imponer la verdad en vez de proponerla, la libertad podría convertirse en libertinaje egoísta y la justicia en una aplicación fría de las leyes sin tener en cuenta el valor superior de cada persona.

Son valores humanos y por ello valores cristianos.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

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