La acogida de la semilla


Mons. Gerado Melgar           La parábola del Sembrador, que escucharemos en el evangelio de este domingo, es una de las parábolas más conocidas por todos y, a la vez, cargada de un gran significado para nosotros como seguidores de Jesús.
En ella se nos dice que:

• Hay un sembrador, que es Dios, que siembra su semilla en el corazón del hombre, directamente Él o a través de su apóstoles.

• Hay una semilla que es la Palabra de Dios, es la semilla del Reino que Dios deposita en nosotros, es el Evangelio, la Buena Noticia que ha venido a comunicar a los hombres.

• Hay una tierra: somos todos nosotros, tierra del Señor que acoge su semilla.

•Hay distintos tipos de tierra en los que cae la semilla y que resumen las actitudes con las que acogemos los hombres esa semilla.

La actitud de los que rechazan la la semilla de Dios, porque su corazón está endurecido, como las piedras del camino y la Palabra rebota en ella y no da ningún fruto.

La actitud de aquellos que en un primer momento la reciben con alegría, pero, a la mínima dificultad, abandonan y la Palabra no echa raíces. Son aquellos que cuando ven a los que viven exigentemente su fe, se preguntan ¿por qué yo no? Los que, ante determinados acontecimientos o determinados testimonios, sienten ganas de seguir ese camino y comienzan, pero ante las dificultades, abandonan.

Otros reciben esta Palabra, la simiente del Reino entre multitud de preocupaciones, afán de riqueza, búsqueda del placer o del poder. Estas preocupaciones se ponen en primer lugar u ocupan el puesto de Dios en sus vidas. Esas preocupaciones ahogan la Palabra de Dios y no produce ningún fruto.

Por último, los que con buena voluntad reciben la simiente, trabajan por hacerla fructificar, se esfuerzan, tratan de vivir sus exigencias, y producen fruto y hacen crecer la simiente en ellos, cada uno según sus capacidades: unos el treinta, el sesenta, el ciento por uno.

En la parábola se expresan dos exigencias fundamentales de la semilla:

La primera exigencia es: saber acogerla en nuestra vida y darle el lugar que le corresponde, poniendo todo cuanto esté en nuestra mano para que fructifique. En esto consiste ser creyente y seguidor de Jesús
La segunda exigencia de esta semilla es que:

• No podemos guardárnosla para nosotros solos.

• Ni vivirla a oscuras, solo en la intimidad, cuando nadie nos ve.

• Debemos ser portadores de la semilla del reino para los demás.

• Debemos ser misioneros y testigos de esta semilla del Reino.

Ojalá todos seamos esa buena tierra dispuesta a acoger la Palabra del Señor, a comprometernos con sus exigencias y vivir de acuerdo con lo que el Señor nos pide y ser así testigos suyos y testimonio para los demás de nuestra fe.

Feliz domingo para todos.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

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