“El bosón de Higgs explicará muchas cosas de la realidad física, pero no en el ámbito de lo trascendental”, dice el jesuita Ignacio Núñez de Castro


Inmaculada Prieto. diocesismalaga.es

La Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) acaba de descubrir recientemente una nueva partícula que confirma con más de un 99% de probabilidad la existencia del bosón de Higgs, más conocida como “partícula de Dios”. Este descubrimiento explicaría científicamente cómo se forma la materia, pero no da respuestas a grandes preguntas como el origen de la realidad y el final, es decir, el sentido de la misma.

«Esta partícula va a explicar muchas cosas en el orden puramente físico, pero no en el orden metafísico, que es en el que nos movemos cuando hablamos de Dios». Así se refiere el jesuita y Catedrático emérito de Bioquímica Molecular de la Universidad de Málaga, Ignacio Núñez de Castro sj, al descubrimiento del bosón de Higgs, conocido popularmente como “Partícula de Dios”, y que supone un hito histórico para la ciencia al explicar cómo la materia obtiene su masa en el Universo.

Sin embargo, este hallazgo sigue sin explicar grandes cuestiones como el porqué y el para qué del Universo, por lo que al campo de la Teología se refiere, -aclara Núñez de Castro-, «se alegra de que el mundo de la física se vaya esclareciendo cada vez más, pero seguirán quedando las grandes preguntas trascendentales, del origen y del final, qué sentido tiene el mundo y de dónde venimos. De donde venimos y hacia dónde vamos no lo responde, ni lo puede responder la ciencia».

En este sentido, Ignacio Núñez de Castro apunta que este descubrimiento sí podría suponer para los teólogos actuales «como un punto de partida para seguir profundizando en la imagen de Dios y la actuación de Dios al crear este mundo y mantenerlo en el ser».

¿Por qué la “La partícula de Dios”?

El bosón de Higgs toma su nombre de Peter Higgs, el físico británico que la postuló en los años sesenta. El por qué de que se llegara a conocer popularmente como “La Partícula de Dios” es fruto «de un error o sencillamente por una imposición de una editorial», aclara Núñez de Castro, y parte del título del libro que el estadounidense y Premio Nobel de Física Leon Lederman quiso publicar inicialmente bajo el título “The goddam perticle”, que se traduciría como “La partícula maldita”. «Al editor no le pareció que ese título fuera a tener éxito, pero pensó que si se acortaba la palabra, y así aparecía la palabra Dios, iba a tener mayor repercusión», apunta.

En cualquier caso, los datos del CERN no son aún concluyentes para poder afirmar de forma definitiva que han hallado “La Partícula de Dios”, aunque los científicos consideran que están muy cerca de alcanzar ese objetivo. A la hora de realizar esta afirmación se basan en datos, como en que el bosón encontrado tiene una masa de 125,3 gigaelectrónvoltios, con un grado de consistencia de 4,9 sigma, lo que se acerca a la predicción del modelo de la teoría estándar en un alto porcentaje, aunque reconocen que, de momento, necesitan experimentar más.

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