El eco del silencio contemplativo


Mons. Joan Piris     El silencio de los consagrados de vida contemplativa resulta siempre muy elocuente para quien comparte con ellos unos días de retiro, como nos recordaba a los sacerdotes de Lleida el pasado febrero Fray Matías, monje de Poblet. Es un silencio tejido de amor, de sorpresa, de agradecimiento, de confianza. Y citaba el abad Cassià Just cuando decía que la paz inalterable, el gozo, la delicadeza para saber captar la belleza de las cosas-todo y en medio del esfuerzo, de la lucha y de las decepciones tan frecuentes-sólo lo puede vivir aquel que ha entrado en esta atmósfera de silencio.

Ciertamente, a veces hablamos demasiado. Tenemos miedo al silencio y tendemos más hacia el exterior, hacia la palabra fácil y superficial, hacia el ruido que nos ahorra pensar y enfrentarnos con nosotros mismos y nuestra realidad, huyendo de la necesaria reflexión y discernimiento ante las múltiples experiencias de la vida. Somos miembros de una sociedad que está conectada como nunca (globalizada) pero en la que no abunda la verdadera comunicación que nos ayude a profundizar relaciones.

Reproduzco lo que nos decía Fray Matías: “Si sabemos permanecer con un silencio admirativo y contemplativo … comprenderemos que una idea es gestada en el silencio, que el tiempo de la salvación empieza cada día, que, como Jesús, necesitamos del silencio y de la oración antes de los momentos importantes y de las grandes decisiones (cf. Mt 6,12; 22,39); que el ser humano crece, como un árbol, con la savia de la reflexión, y para un cristiano con la savia de la oración, que no debemos tener miedo a las tormentas de la primavera y el calor del verano, porque nuestra vida está en manos de Dios y nuestras raíces beben de las aguas de Vida para dar fruto a su debido tiempo (cf Salmo 1).

Este DOMINGO DE LA TRINIDAD, muy cerca de la celebración del “CORPUS”, se nos invita a agradecer la existencia de personas consagradas en la vida contemplativa. En nuestro país, a la Caparrella, tenemos el Monasterio del Sagrado Corazón con una comunidad que hace visible la radicalidad evangélica y la primacía de los valores trascendentes, que no son patrimonio exclusivo de la vida consagrada pero pueden ser más claramente encarnados por quienes han hecho esta opción publica.

El Concilio Vaticano II (Lumen Gentium 46) señaló expresamente la vocación de aquellos que, en la Iglesia, han sido llamados a representar a Jesús en contemplación sobre la montaña, pasando las noches o las mañanas en oración. Ellos y ellas son una prolongación de la oración de Jesús al Padre y signo de esta Presencia. Su vida entretejiendo la “soledad habitada” (que nunca es aislamiento o inhibición); el silencio que facilita percibir bien vivas las experiencias dolorosas del prójimo y capacita para dialogar con la Palabra que “salva”; la oración, litúrgica y personal, la lectura meditada de la Sagrada Escritura, el trabajo, que prolonga la creación de Dios, sostiene la comunidad y favorece los hermanos necesitados. Damos gracias a Dios por el don de la vida contemplativa.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola

 Obispo de Lleida

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