El Cardenal de Madrid declara que «en la plaza pública de la Historia, confesaremos la fe»


El Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio Mª Rouco Varela, va a presentar la Misión Madrid: este viernes, a los sacerdotes, en el Seminario Conciliar, y el sábado, en un gran encuentro con representantes de las parroquias de Madrid, congregaciones, movimientos, asociaciones… En el marco del Año de la fe, convocado por Benedicto XVI para toda la Iglesia universal, Madrid celebrará una gran misión diocesana. De la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud, brota un decidido impulso misionero, que se articulará en torno a diversas líneas de acción. El Cardenal Rouco explica las claves:

P.- Con la Misión Madrid, ¿la idea es poner a trabajar a todo el mundo, con la diócesis todavía en estado de movilización, por la JMJ?
R.- La diócesis está movilizada desde la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud, y esa movilización continuará en torno a la Misión Madrid, que da respuesta a lo que el Papa pide en el Año de la fe y el llamamiento a la nueva evangelización. Sobre todo, contamos con la referencia de la Carta apostólica Porta fidei.

P.- El momento es muy difícil, con la tremenda crisis que azota España.
R.- Es cierto. Partimos de una crisis económica y social tan grave, que produce mucho mal y mucho daño. Pero es necesario ir al fondo, y analizar, conocer cómo y de dónde surge esta crisis. Benedicto XVI muestra que estamos en una crisis antropológica, una crisis del hombre; en resumen, una crisis de fe. Dice el Papa, en Porta fidei, que la primera crisis de Europa es la crisis de fe, y advierte de que, si no se aborda la raíz del problema, difícilmente tendrá arreglo la crisis económica.
Esta crisis de fe y moral también golpea a Madrid, que no es un oasis de fe y de vida cristiana en plenitud. Por eso debemos responder a la llamada del Papa a evangelizar de nuevo, con un empeño especial y con una respuesta de oración y de apostolado.

P.- Todo ello, en la estela de la JMJ…
R.- El Papa ha llamado a la JMJ «nueva evangelización vivida». La confesión pública de la fe exige una conversión previa, creer en Cristo, con todo lo que ello implica. Creer en Cristo es una gracia, pero requiere abrir el corazón y el alma a esa gracia. Esto se hace con la oración y con penitencia por los pecados que hemos cometido.
Eso es lo que se ha podido ver durante la JMJ. La confesión de la fe exige haber encontrado al Señor. Les ha pasado a los chavales de la JMJ, y a todos los que hemos tenido la gracia de vivir ese acontecimiento. Pero esto también requirió una preparación: oración y penitencia…

P.- ¿Cómo se plasma eso en líneas pastorales concretas?
R.- Un conjunto de actuaciones en la diócesis irá encaminada en ese sentido. Se promoverán la vivencia de la oración, la conversión y la misión. Adviento y Cuaresma serán dos tiempos fuertes. Queremos que haya una especie de gran activación, para que en Madrid, por la gracia de Dios, se vuelva a confesar la gente. No hay un problema desde el punto de vista doctrinal, en el sentido de que los sacerdotes no confiesen. Lo que ocurre es que, cada vez, hay menos sacerdotes y, cada vez, son más mayores.
También se va a promover la formación espiritual, en el marco de todas las actividades catequéticas, de ayuda teológica y espiritual que la Iglesia conoce: Ejercicios, retiros…, que culminarán con peregrinaciones hasta la catedral, como ya hicimos en el gran Jubileo del año 2000. Continuaremos en esa línea.
Pero habrá otra más. Tiene que haber un mayor conocimiento de la propia fe. Si no, al final, uno no puede vivir a fondo el encuentro con Cristo. Ése es el encuentro con una persona, a la que hay que conocer. Dice Guardini que «la fe no es separable de su contenido; la fe es su contenido». También lo afirma el Catecismo de la Iglesia católica, al explicar que la fe es la adhesión, el Sí al Señor. Pero si, luego, uno no lo conoce bien, lo desfigura, y se acaba el encuentro. Vamos a hacer 14 catequesis sobre los artículos de la fe, para que se estudien en todo tipo de catequesis y de grupos que funcionen en la diócesis de Madrid, en el ámbito parroquial, en los movimientos, en las asociaciones católicas, durante todo este año 2012 y 2013, hasta el final del Año de la fe.

P.- Y la misión, ¿en qué va a consistir?
R.- En la propagación de la fe, de manera explícita y directa, en toda la diócesis. Y también de forma implícita, a través de la presencia y del testimonio cristianos en el mundo de la cultura, del arte, de la vida social, política y económica. El mecanismo de esta Misión Madrid, en su concepción, en su organización y en su funcionamiento, será similar al del la Jornada Mundial de la Juventud. Habrá un equipo diocesano que dirija la ejecución del plan, más los equipos de Vicaría, de arciprestazgo…, concebidos como lugares de encuentro, trabajo y comunión, con el objetivo también de incorporar al catolicismo social y a la vida consagrada, como se hizo en la JMJ.
Además, habrá una serie de grandes actos centrales: tendremos la Misa de la Familia, la celebración del Corpus, de la Virgen de la Almudena… Todos estos grandes encuentros los incluiremos en la doble categoría de confesión y de testimonio de la fe. Probablemente, las tres diócesis madrileñas terminaremos la Misión confesando la fe ante el mundo, en la «plaza pública de la Historia», según la expresión de Benedicto XVI.

P.- Llama mucho la atención que el Papa haga coincidir el Año de la fe con el 50 aniversario de la apertura del Concilio, como una gran gracia de la que la Iglesia sigue beneficiándose.
R.- La Carta apostólica Porta fidei nos permite entender que es urgente una renovación de la misión de la Iglesia, tanto en lo que se refiere a la conciencia sobre la propia necesidad de esta misión, como en el desarrollo de los contenidos doctrinales y pastorales con los que tiene que hacerse la misión en los países de antigua cristiandad, en los que se ha debilitado la fe. Países como el nuestro, que han vivido de la fe durante siglos y siglos, tienen que ser ahora evangelizados de nuevo, aunque esto ya no puede ser de la misma manera en la que se hizo la misión en el mundo pagano. La misión exige, naturalmente, presentar la novedad del cristianismo. Para eso, el Concilio Vaticano II es una guía imprescindible. A la hora del anuncio renovado del misterio de Cristo, de llevar el anuncio cristiano y la fe de Cristo al mundo de la cultura, del pensamiento, etc., tenemos que tener muy vivos y asimilados los principios con los que se ha elaborado la doctrina, el magisterio y los documentos pastorales del Concilio Vaticano II.

P.- Concluye Porta fidei diciendo que la fe, sin la caridad, no da fruto. ¿Hay alguna idea sobre cómo se puede traducir esto en realizaciones concretas durante el Año de la fe?
R.- No sólo hay una idea, sino que va a ser un capítulo especial de desarrollo de la Misión Madrid, en el testimonio implícito del mensaje de Cristo, a través de la impregnación de la vida cultural y social. Como fruto de la JMJ, se va a construir una tercera casa de Cáritas, que se va a llamar JMJ 2011. Será la tercera casa, tras la que se llama Gran Jubileo, y otra llamada Tercer Sínodo diocesano.
En estos momentos de gran desempleo, es importante también apoyar la labor de los Servicios de Orientación e Información para el Empleo de Cáritas Madrid, que encuentran trabajo a miles de personas, gracias al trabajo de voluntarios, y sin apenas coste.

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