El efecto multiplicador de la “X”


Mons. Julián Ruiz Matorell   Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Marcar la casilla de la Iglesia Católica en la Declaración de la Renta tiene un efecto multiplicador. Se multiplican las posibilidades de seguir haciendo el bien. Se incrementan la solidaridad y el trabajo por la justicia. Crece la generosidad. Aumenta la posibilidad de llegar a las personas más necesitadas y a los núcleos de la sociedad más desatendidos y marginados. Se engrandece la experiencia de la fraternidad. Se multiplica el sentido de corresponsabilidad. Se difunde, como un oleaje creciente, el conocimiento y el amor a Jesucristo como centro de la vida y luz que orienta y acompaña cada día. Se extiende la atención fraterna y solícita a quienes sufren. Aumenta la integración de personas desarraigadas, desintegradas y desplazadas para que puedan encontrar espacios de acogida y convivencia.

Es necesario expresar un profundo agradecimiento a todas las personas que marcan cada año con la “X” su deseo de ayudar a la Iglesia, reconociendo y valorando su labor. Es preciso manifestar gratitud a quienes lo han hecho por primera vez el año pasado. Es imprescindible animar a quienes todavía tienen dudas sobre la oportunidad o la conveniencia de realizar esta señal generosa y solidaria.   

Nuestra Diócesis agradece el significativo gesto de tantas personas que aprecian lo que la Iglesia es y lo que la Iglesia hace.  

Marcar la casilla no cuesta nada y, sin embargo, rinde mucho. No requiere mucho esfuerzo, pero se añade al esfuerzo realizado por muchas personas en beneficio de muchas otras, para hacer que sus vidas sean más dignas, más plenas y más felices. Marcar la casilla rinde mucho, tiene amplias consecuencias, produce innumerables efectos. 

La Iglesia realiza actividades de evangelización, de proclamación, testimonio, vivencia y celebración de la fe, de pastoral, de compromiso misionero, y lleva a cabo un número considerable de tareas sociales, asistenciales y caritativas que repercuten en beneficio de las personas y de toda la sociedad.
Al contribuyente ni le retienen más ni le devuelven menos. No se trata de un impuesto complementario ni de un recorte en las legítimas devoluciones.
La economía de la Iglesia se rige por los principios de transparencia, austeridad y corresponsabilidad. La gestión de los recursos es honesta y diáfana. Los proyectos que se realizan no superan las estrictas posibilidades. El compromiso de todos integra capacidades, esfuerzos y talentos en un servicio de responsabilidad compartida.   

Benedicto XVI afirma en su encíclica “Caritas in veritate”: “Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese “todos nosotros”, formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social” (nº 7). Y también: “El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos” (nº 78). 

 Para seguir trabajando por el bien común necesitamos la colaboración de todos y a todos les agradecemos su ayuda.
         
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell

Obispo de Jaca y de Huesca

imprimir

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestShare on RedditDigg this
bookmark icon

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies