"Mira hago nuevas todas las cosas"


Mons. Julián Ruiz Matorell   Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

En Pascua pasamos de la noche al día, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida, del cansancio y la fatiga a la fuerza renovada, del silencio a la palabra vivificante, de la soledad a la comunión, del desaliento a la esperanza, del egoísmo al amor compartido y comprometido, del frío a la llama viva.
En la noche de Pascua evocamos con actitud adoradora y agradecida el primer día de la creación y se produce la prefiguración, en esperanza activa, del día definitivo en que Cristo vendrá para morar entre los hombres y “enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor” (Ap 21,4). Y nos dirá: “Mira, hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5). 
El Señor nos dice a través de Isaías: “mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Is 43,18). En Pascua es nueva la luz; nueva el agua; nuevo el pan; nueva la palabra que escuchamos sosegadamente para que nos impregne, germine y dé abundante fruto; nueva la decoración de nuestras iglesias; nueva nuestra disposición interior; nueva la música que nos envuelve.

Pascua significa novedad radical, puesto que concierne a la raíz de nuestra personalidad, a la raíz de nuestra convivencia, a la raíz de nuestro testimonio, a la raíz de nuestro compromiso. Allí, en la raíz, brota algo nuevo. Y su efecto es inmediatamente perceptible. ¿No lo notamos?

Jesucristo nos dice: “Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente” (Ap 21,6). Él es la primera y la última letra de nuestro abecedario. Y Él es también cada una de las letras intermedias en una secuencia armoniosa, pues “en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28). Él es el único capaz de descifrar el sentido de la historia y de nuestra peregrinación personal. Él es el que llena de sentido y de contenido cada uno de los latidos de nuestro corazón. Nuestro aliento es consecuencia de su aliento de vida. Y Él nos ofrece, generosa y gratuitamente, el agua de la vida. 
Compartimos la experiencia que nos comunica el autor del Apocalipsis: “Y me mostró un río de agua de vida, reluciente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero” (Ap 22,1). También: “Y verán su rostro, y su nombre está en sus frentes. Y ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de lámpara ni de luz de sol, porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos” (Ap 22,4-5).

Jesucristo pone su mano derecha sobre nosotros y nos dice: “No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos” (Ap 1,17-18).

El Señor nos ha creado por amor y para amar. En Pascua nos renueva, nos hace de nuevo, nos reconstruye y rehabilita, nos convierte en personas nuevas, testigos de su novedad.

¡Feliz Pascua!

Recibid mi cordial saludo y mi bendición. 

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

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