El Cardenal Joao Braz de Aviz celebró la eucaristía de clausura de la Semana de Vida Religiosa


Con la Eucaristía final, el pasado sábado concluía la Semana Nacional de Vida Religiosa organizada por el Instituto Teológico de Vida Religiosa de Madrid. La capilla del colegio Calasancio, a pesar de la lluviosa mañana de sábado en Madrid, estaba a rebosar. Monseñor Joao Braz de Aviz, fiel a la cita, fue recibido con ilusión y con gran calor. Él ha respondido agradecido y ha hecho sentir a los asistentes su cordialidad y cercanía.

Reconstruir la relación de confianza existente entre la comunión cristiana y la acción evangelizadora, ha sido el punto central de su trabajo titulado: Comunión y evangelización.

Tras pedir perdón con gran simpatía por su “portuñol”, saludó a las autoridades presentes y solicitó a la audiencia un último esfuerzo para escuchar con atención el tema, ya mencionado, de su exposición, ya que concierne directamente a la vida de los consagrados. Una vida que se identifica con el evangelio y cuyo gran desafío es el objetivo de la comunión, que se configura como una comunión misionera.

Evangelizar en un mundo secularizado. El Espíritu ha salido siempre al encuentro de la humanidad y de la Iglesia cuando han sufrido una necesidad concreta. Se subraya así una dimensión especial de la fe: El Espíritu suscita la comunión, también hoy, como respuesta a una cultura secularizada. Monseñor João Braz de Aviz, centró su reflexión en las causas que han generado la actitud actual de rechazo al anuncio evangélico. Señaló algunas transformaciones provocadas por el proceso de secularización de la sociedad y de privatización de la religión, en contraste con el primer anuncio.

1.- Carencia de una experiencia personal de Dios, que comporta carecer de un sentido de la trascendencia y ciertos comportamientos religiosos de sustitución.

2.- Reducción de la clásica expectativa de salvación: muchos huyen de la angustia interior entregándose a las adicciones de la sociedad de consumo y a los vendedores de sueños.

3.- Una conexión deficiente entre el mensaje de la Iglesia y sus destinatarios. Y así, una palabra común, como “religión” ya no tienen referentes vitales concretos. La religión ha perdido su poder simbólico, con lo cual, ya no remite a otra realidad. La Iglesia no puede desatender estos problemas de lenguaje.

Desafíos que se plantean a raíz de estas transformaciones:

1.- La acción pastoral debe mostrar a Dios de una forma palpable, y no sólo hablar de Él, para que suscite la experiencia de un encuentro personal apasionante.

2.- La Iglesia, en tanto que aspira a ser comunidad de salvadores, tiene que mostrarse como una comunidad de salvados.

3.- Mostrar la función humanizadora y vivificadora de los principios morales que la Iglesia sostiene.

4.- Devolver el contenido vital de una experiencia concreta al lenguaje, en un contexto comunitario.

5.- Poner de relieve aquellos signos que remitan a Dios de forma inequívoca.

La comunión, corazón de la vida eclesial y respuesta evangelizadora. En este apartado, el Cardenal explicó el alcance y el significado profundo de la espiritualidad de comunión. Su fundamento teológico remite al misterio central de la fe cristiana: la comunión de la Trinidad, raíz, modelo y horizonte de la comunión cristiana. Y el fundamento bíblico es la clave que esclarece este modelo cristiano de comunión: Padre, que todos sean uno, como Tú en mí y yo en Ti, que, ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que me has enviado.

¿Y cómo traducir una comunión, trinitariamente modelada, en dinámicas que estén al alcance de los hombres y mujeres de hoy?

1.- Identidad desde y para la comunión. Según el modelo trinitario, toda vocación eclesial puede encontrar su identidad en la comunión con los demás carismas. Esto implica que, para cumplir su propio ministerio, el obispo, el laico o el religioso han de amoldarse a su vocación.

2.- Ser como amor. La revolución de la mentalidad trinitaria consiste en que crece en la medida en que se da como regalo, conforme a una reciprocidad amorosa.

3- Con la medida kenótica de Jesús. Dar la vida desde la medida del amor de Cristo, que es la Cruz.

Perspectivas para la evangelización: el fruto de la comunión es Dios mismo, la presencia viva de Jesús en la comunidad. Ese Jesús experimentado proporcionará credibilidad a nuestro mensaje y vitalidad a nuestro lenguaje.

Como colofón de estas cinco jornadas, el Director del Instituto Teológico de Vida Religiosa, Bonifacio Fernández, hizo una síntesis, intentando destacar algunas convergencias:

1.- La misión se entiende hoy en la perspectiva del Dios Tri-unidad.

2.- La misión del Espíritu se hace presente y sacramental en la Iglesia.

3.- La misión evangelizadora del Espíritu está íntimamente conectada con la misión de Jesús.

4.- El Espíritu cuenta, en su gran proyecto, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, pero especialmente con la Iglesia, sus personas y sus comunidades.

5.- Los cristianos estamos llamados a mantener la esperanza mediante el testimonio y las celebraciones sacramentales.

6.- La misión compartida llama a poner a disposición de todos el don recibido.

7.- La nueva evangelización ha de ser: ardorosa, respetuosa, amorosa, novedosa, contagiosa.

La 41ª edición de la Semana Nacional llega a su término con un nivel muy alto de participación y una buena aportación a la reflexión eclesial sobre la Nueva Evangelización desde la perspectiva de la vida consagrada.

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