Semana Santa: entre el descanso y la devoción


Mons. Jesús Sanz   Queridos amigos y hermanos: paz y bien.

Hay multitud de ofertas para la Semana Santa que ya nos llega. No pocas la presentan como unos días de relax en el mar y sus playas, en la montaña y sus bosques, en las ciudades y sus encantos. No está mal el descanso. Dios mismo descansó al concluir su tarea, como nos dice la Biblia en un lenguaje humanizador del faenar divino. Pero la Semana Santa tiene otra visión cuando se la contempla y se la vive desde la urdimbre cristiana y creyente. Porque sin que sobren los momentos de descanso, los de recreo natural, los de interés cultural, en estos días se nos presenta una historia que  ya sucedió hace veinte siglos y al mismo tiempo sigue siempre inacabada.

Lo decimos de muchas maneras, y sabemos expresarlo a través de tantos registros. No sólo desde la música de estos días tan propios donde escuchamos corales, cantatas, oratorios, así como motetes y saetas que como dicen sus palabras sirven para movernos a la piedad (motetes) y para lanzar al cielo nuestra gratitud por el amor del Señor como una flecha enamorada (saetas). No sólo tampoco el menú alimentario de estos días, hecho de una sobriedad que no se hermana con cuanto en algazara navideña pudimos comer y beber. Las maneras más propias en las que expresamos la hondura de estos días santos, nos viene de la mano de la liturgia y de la religiosidad popular.

El triduo sacro del jueves, viernes y sábado santos, está enmarcado por la liturgia que recuerda aquellas horas extremas de un amor desmedido por parte de Dios hacia nosotros. La Pasión de Jesús, fue realmente apasionada como siempre sucede con el amor verdadero. Lo que escucharemos nuevamente en las lecturas de la Palabra de Dios, lo que simbolizaremos otra vez en los gestos litúrgicos, lo que acogeremos como don infinito en el sacramento de la eucaristía o el sacramento de la confesión, marcará la hondura de unos días llenos de misterio, llenos de entrega por parte del amor de Dios, y llenos de deseo nuestro para ir comprendiendo un poco más el precio que Jesús pagó para que fuésemos libres, para que fuésemos redimidos, para que fuésemos felices según el providente plan amoroso que para nuestra dicha Dios trazó.

Y junto a cuanto la liturgia nos dice en estos días santos, la fe también acertará a salir a la calle y a las plazas con una piedad religiosa íntima y un arte lleno de devoción. Es impagable la labor que hacen nuestras diversas cofradías y hermandades de Semana Santa a la hora de preparar, organizar y llevar a cabo esta maravillosa puesta en escena de la historia salvadora de Dios hacia nosotros. En estas asociaciones encontramos a personas profundamente creyentes que viven con fidelidad y hondura su fe y su adhesión a la Iglesia. Pero también las hay que pueden haberse enfriado en su religiosidad, mermando la práctica de los sacramentos y experimentando un cierto alejamiento de la comunidad cristiana. Pero a través de la cofradías y hermandades inician un proceso de regreso a la Iglesia del Señor, redescubriendo la fe, debidamente acompañados no sólo en lo que significa la procesión en la que participarán, sino también en la formación cristiana que empiezan a recibir y en el compromiso social en el que serán implicados.

Días de descanso y días de fervor, mientras nuevamente hallamos en una Semana Santa lo que durante tantos años y siglos el pueblo cristiano no ha dejado de vivir. En el hondón sincero de nuestros corazones, en el esplendor sencillo de nuestra liturgia, en la belleza testimoniada de nuestras procesiones y viacrucis, lo que en estos días celebraremos de nuevo tiene que ver con en este momento de nuestra vida. Aquello que más nos acorrala con sus maldiciones y desdichas, y aquello que más nos dilata con su paz serena y con su esperanza no entredicha. Jesús murió por nosotros para que nosotros podamos vivir por Él. Nuestro Señor venció su muerte y la nuestra, y con esa moneda compró para siempre el camino por el que pasear nuestra felicidad, por el que plantear nuestra fidelidad, por el que llegar a nuestro destino.

Recibid mi afecto y mi bendición.

 

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Ovied

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