19 de marzo Día del Seminario: ‘Pasión por el Evangelio’


Siguiendo al Vaticano II: “el Seminario es el corazón de la Diócesis”. Es el lugar de formación de los jóvenes que han recibido la llamada de Jesús a seguirle en el sacerdocio. Inician así su más profundo y comprometido seguimiento, que culminará en el sacramento del Orden, transformásdose no sólo en continuadores de su obra y anunciadores del Evangelio, sino en presencia sacramental de Cristo en medio del mundo.

Los jóvenes dan vida a esta institución. Así como la Parroquia es casa y escuela de oración, comunión y misión, sin sacerdotes, no pueda haber Eucaristía y, sin Eucaristía, no puede haber Iglesia. Todos los cristianos en general: sacerdotes, consagrados, laicos, debemos considerar al Seminario como algo nuestro.

El Día del Seminario ha de celebrarse en todas las parroquias y centros de culto de nuestra diócesis, para ayudar a la comunidad a tomar más conciencia de su aportación vocacional al seminario. Éste es una comunidad educativa en camino, promovida por el Obispo diocesano para ofrecer a los llamados por el Señor para este ministerio la formación académica, espiritual y humana necesaria para convertirse en apasionados pastores de la Iglesia.

Familias, catequistas, profesores de religión, agentes de pastoral en general, tienen ante sí la importante tarea de vivir con espíritu de fe, caridad y piedad la posible vocación al sacerdocio de los jóvenes, que deben ser capaces de acoger con generosidad esta llamada, habiendo sido atraídos por la persona de Jesucristo, siendo capaces de llevar a la práctica un compromiso que perdure toda la vida.

Recordemos unas hermosas palabras que dirigió a los seminaristas el Papa Benedicto XVI en la Eucaristía que celebró en la Catedral de Santa María La Real de la Almudena, este pasado verano con motivo de la celebración, en Madrid, de la Jornada Mundial de la Juventud:

“… Como seminaristas estáis en camino hacia una meta santa: ser prolongadores de la misión que Cristo recibió del Padre. Llamados por Él, habéis seguido su voz y atraídos por su mirada amorosa avanzáis hacia el ministerio sagrado. Poned vuestros ojos en Él, que por su encarnación es el revelador supremo de Dios al mundo y por su resurrección es el cumplidor fiel de su promesa. Dadle gracias por esta muestra de predilección que tiene con cada uno de vosotros”

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