Cuidemos a los enfermos

El próximo día 11 de febrero, Fiesta de las apariciones de la Santísima Virgen de Lourdes, celebramos en toda la Iglesia, como en años anteriores, la “Jornada del Enfermo”

1. El cristianismo está  lleno de paradojas, la mayor parte de todas puede ser, asegurar que el dolor sea fuente de alegría.

Lo expresa claramente el Pontífice actual, Benedicto XVI, cuando escribe: “lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella su sentido mediante la unión con Cristo, que sufrió con amor infinito” (Spe salvi, 38).

El dolor humano y el sufrimiento han encontrado una dimensión completamente nueva a la luz de la Pasión de Jesucristo. Él les ha enriquecido y dado sentido salvífico. No vino a traer una teoría del dolor, sino a cargar el sufrimiento sobre sí mismo. Nos invita a no desentendernos del enfermo, sino a ponernos a su lado para animarle en este camino y descubrirle esta gran verdad.

2. La Iglesia ha venido poniéndose al lado del enfermo desde las primeras comunidades cristianas.

Son muchas las personas enfermas a las que se acercó Jesús para curarlas de todos los males. “Pasó haciendo el bien”, escribe san Lucas, los heridos por la vida, en sus muchos males, eran sus preferidos (cf. Mc. 1, 29-39). Pocas páginas se han escrito con la belleza de la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc. 10, 25-37).

Sus discípulos, desde entonces hasta hoy, seguimos su mismo proceder. Ya el Apóstol Santiago dijo a los presbíteros que ungiesen con óleo santo a los enfermos para alivio de su enfermedad (cf. Sant. 4, 14). ¡Cuántas estructuras ha creado la Iglesia, a lo largo del tiempo, para atender al enfermo en hospederías, hospitales, casas de acogida y otros centros, para cuidar de los “malheridos” en su cuerpo, en su alma y en su corazón!

3. Visitar al enfermo es aval para “ser bienaventurados”, nos repite hoy también Jesucristo, porque la enfermedad sigue sin ser vencida.

El sufrimiento lo tenemos en nuestro entorno siempre. Superadas o controladas muchas de las enfermedades, siguen apareciendo otras nuevas. Producen dolor: las familias desestructuradas, ver a los inmigrantes desprotegidos, ancianos solos, familias sin un mínimo vital, depresiones al no encontrar trabajo, enfermos incurables, padres y abuelos que sufren por el futuro de sus hijos y nietos, a los que tendríamos que añadir problemas del alcoholismo, drogodependencia, ludopatía… y sus consecuencias personales y en su entorno.

Los avances de la medicina, en todas sus ramas, son inmensos y debemos agradecerlo y apoyarlo, pero el dolor sigue presente y unas enfermedades o situaciones toman el relevo de otras nuevas.

4. Nuestro reconocimiento y apoyo agradecido a tantos profesionales de la medicina y colaboradores. Nuestra deuda es impagable.

Gracias a la Delegación Episcopal de Pastoral de la Salud, capellanes de Hospitales, visitadores de enfermos, ministros extraordinarios de la Eucaristía y, sobre todo, a los sacerdotes que día a día os acercáis a estos fieles, “los predilectos del Señor”.

Nuestra admiración más profunda por quienes día y noche veláis y acompañáis a vuestros familiares enfermos. El Señor está junto a vosotros de una forma especial y no os dejará nunca solos para recibir la fuerza necesaria.

Finalmente, muy queridos amigos y amigas enfermos: Rogad por todos nosotros al Señor. Vuestra súplica es la más eficaz de que dispone nuestra Iglesia. También rezamos por vosotros.

Con mi abrazo agradecido en el Señor.

+ Ramón del Hoyo López
Obispo de Jaén

 

Acerca del autor

Nació el 14 de septiembre de 1940 en Arlanzón (Burgos). Cursó estudios en los Seminarios Menor y Mayor de Burgos, entre 1955 y 1963. Obtuvo la Licenciatura en Derecho canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca (1963-1965) y el doctorado en la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino (1975-1977). [editar]Sacerdote Fue ordenado sacerdote para la archidiócesis de Burgos el 5 de septiembre de 1965. Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis burgalesa. Comenzó como coadjutor de la parroquia de Santa María la Real y Antigua y Director espiritual de la Escuela media femenina “Caritas”, entre 1965 y 1968. Desde este último año y hasta 1974 fue Notario eclesiástico y Secretario del Tribunal Eclesiástico. Además, en el año 1972 fue nombrado Provisor-adjunto de la Curia de Burgos y en 1978 Provisor, cargo que desempeñó hasta 1996. También fue Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano desde el año 1978 y hasta 1993, cuando fue nombrado Vicario General y Canónigo y Presidente del Capítulo Catedral Metropolitano. Estos cargos los compaginó, desde 1977 y hasta su nombramiento episcopal, con la docencia en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, como profesor de Derecho Canónico. [editar]Obispo El 26 de junio de 1996 fue nombrado por el papa Juan Pablo II Obispo de Cuenca. Fue consagrado obispo el 15 de septiembre del mismo año. El 19 de mayo de 2005 el papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Jaén,1 tomando posesión de la nueva sede el 2 de julio de 2005. En la Conferencia Episcopal Española fue Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias.
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