Carta de Navidad de Mons. Asurmendi
Mons. Asurmendi En vísperas de la fiesta cristiana de la Navidad, envío mi felicitación cordial a todos los alaveses y vitorianos, a los habitantes de Orduña y sus pueblos, así como a los del Condado de Treviño
Pido para todos ellos abundantes bendiciones de Dios, por medio del Niño-Dios que nace en Belén.
La Navidad de este año 2011 va a tener un clima especial, gozará de un ambiente de mayor libertad, dado que la banda terrorista ha decretado el fin de la lucha armada. A la espera de su disolución definitiva, tras tantos daños causados, envío a las víctimas de la violencia terrorista mi saludo afectuoso en estas fechas, junto con mis deseos de que pronto vean reconocidos sus derechos.
Vitoria se viste de verde, pues es la Green Capital. También nuestra Iglesia de Vitoria celebra el 150 aniversario de su creación como Diócesis. Hago mías las muchas felicitaciones que ambos acontecimientos están atrayendo. Y si nuestra Ciudad está mejorando con motivo del título de Ciudad Verde, pido a Dios que la calidad de vida cristiana en nuestro Territorio Histórico se enriquezca y profundice.
Particularmente me siento unido a la causa de miles de alaveses e inmigrantes que sufren gravemente los efectos de la crisis económica y moral que nos azota. Son muchos los que han colaborado para acoger a los que sufren y aliviar sus necesidades. Que la Navidad sea para todos, de modo especial para los necesitados, alivio y esperanza. Siempre estas fiestas han significado para los pobres remedio para sus males y esperanza de vida digna.
Feliz Navidad. Eguberrion.
+ Miguel Asurmendi
Obispo de Vitoria
En el marco de la Jornada de la Familia de este año, los obispos españoles invitamos a todas las familias, parroquias, movimientos y asociaciones a ser testigos y portavoces del mensaje y la misión que el Santo Padre nos ha dejado: la familia, el hogar, fundado en el don que Cristo Esposo hace a la comunión esponsal indisoluble y abierta a la vida, forma parte de la esperanza de los hombres. De esta manera el futuro de la humanidad y de la Iglesia se fragua en la familia.
En el contexto de la nueva evangelización a la que nos convoca el Papa Benedicto XVI, conscientes de vivir en una sociedad con claros signos de esperanza como se ha puesto de manifiesto en la Jornada Mundial de la Juventud, pero, al mismo tiempo, convulsa, con temores y momentos de desesperanza, la familia tiene un papel muy especial: somos los eslabones de una cadena; hemos recibido la fe y nos corresponde transmitirla con las palabras y hacerla creíble con el testimonio de nuestra vida.


