Mensaje en la Navidad 2011

 Mons. Santiago García Aracil    Mis queridos fieles cristianos, religiosos y seglares, de nuestra Archidiócesis de Mérida-Badajoz y demás personas de buena voluntad que leéis con atención estas líneas:

¡Qué difícil resulta la celebración externa de la Navidad en tiempos de tanta penuria, de tanto sufrimiento, de tanta hambre, de tanto paro y de tanta desavenencia familiar y social y de tanto alejamiento de Dios!

La Navidad, que va siempre acompañada de un ambiente de fiesta, de alegría familiar, de celebraciones entre amigos, de regalos y de algunos extraordinarios en las comidas y en las diversiones, acentúa la tristeza de quienes no cuentan con recursos materiales para ello. Constatamos que la fiesta, que motiva en unos la alegría, es causa de pesar para otros.

Es cierto que la esencia de la Navidad está en el acercamiento de Jesús a todos los hombres y mujeres que quieran recibirle en su espíritu y en su vida. Es cierto que este acontecimiento de amor es motivo de gozo interior, de fuerza para soportar los malos trances, y de ayuda para pensar en el verdadero sentido de nuestra vida.

Pero también es cierto que la unidad del cuerpo y el alma que caracteriza al ser humano, motiva la fiesta exterior cuando celebramos un acontecimiento interior. Del mismo modo, la imposibilidad de vivir y expresar, familiar y socialmente, la fiesta exterior puede ensombrecer la celebración del acontecimiento interior.

Por todo ello, los cristianos debemos procurar, por los medios legítimos a nuestro alcance, que se vaya descubriendo y valorando cada vez más el auténtico significado de la Navidad. Precisamente es ese descubrimiento el que puede ayudar a superar las penurias que limitan la alegría familiar, y el pesimismo que muchas veces invade el corazón humano.

El mensaje de Jesucristo nada tiene que ver con las consignas partidistas o sectarias. Jesús viene para que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Por tanto, en principio, el sentido y las consecuencias de la Navidad son buenos para todos. Seamos, pues, transmisores humildes y elocuentes del sentido cristiano de la Navidad. No tengamos reparo en utilizar, para ello, los signos externos a nuestro alcance. Es cierto que algunos pueden molestarse. Pero las causas de su molestia tienen sus antecedentes ya en el tiempo de Jesucristo y aparecen bien expresadas en el Evangelio. Sin embargo, no por ello justifican actitudes incomprensivas y adversas por nuestra parte. La Navidad, manifestación del amor infinito de Dios es una llamada que nos convoca a amar y, por tanto, a escuchar, comprender y perdonar, ayudar y compartir, pero sin abandonar la propia fe y la responsabilidad de mostrar a los demás el mensaje de salvación. Esto requiere un profundo convencimiento de nuestra parte, y valentía para defender la verdad de Jesucristo en firmeza y humildad.

Que esta Navidad sea una ocasión para afianzar nuestra fe, para fortalecer nuestra fidelidad y para renovar nuestra entrega caritativa y apostólica.

¡Feliz Navidad!

+Santiago García Aracil

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Acerca del autor

Monseñor Santiago García Aracil nació en Valencia el 8 de Mayo de 1940. Estudió en el Seminario Metropolitano de la Archidiócesis de Valencia. Fue ordenado de presbítero el 21 de Septiembre de 1963. Ejerció el apostolado sacerdotal en la misma ciudad hasta su nombramiento como Obispo Auxiliar de Valencia en diciembre de 1984. En 1988 fue nombrado obispo de Jaén y el 9 de julio de 2004, Arzobispo de Mérida-Badajoz.
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