Cáritas nos necesita


Mons. Casimiro López Llorente    Cercana ya la Navidad, nuestra Caritas diocesana relanzaba por cuarto año la campaña extraordinaria ante  la crisis económica tan fuerte que sufrimos. El lema de este año, “Ante la crisis, ayudémonos”, es una llamada apremiante a nuestra conciencia cristiana. Nuestras Cáritas -diocesana, interparroquiales y parroquiales- están desbordadas ante el número creciente de personas y familias necesitadas. 

 

Cada día son más quienes se acercan en busca de alimentos, artículos de higiene, de dinero para la luz o el alquiler de vivienda, pero también para pedir ayuda humana, consuelo y orientación. “No llegamos a todos”, me dicen los responsables de Cáritas.

Antes de nada no puedo por menos de dar gracias de todo corazón a Dios por la generosidad mostrada hasta ahora por tantos fieles cristianos y por tantas otras personas de buena voluntad. Pero ante la situación persistente de la crisis econó­mica y sus efectos tan negativos para personas y familias tenemos que redoblar nuestro esfuerzo. Ante tanto sufrimiento no podemos quedarnos en la indiferencia o en el lamento. Como cristianos hemos de reaccionar y reforzar nuestro compromiso caritativo con los más pobres y necesitados. Si ‘la caridad de Cristo nos apremia’ siempre, más aún nos urge en estos momentos a compartir nuestros bienes con los más necesitados y a ofrecer parte de nuestro tiempo como voluntarios de Cáritas.

En el prefacio tercero de este tiempo del Adviento cantamos que el Señor viene a nosotros en cada hombre y en cada acontecimiento. Estas palabras nos recuerdan aquel pasaje evangélico en que Jesús al final de los tiempos llama benditos a los que dieron de comer al hambriento, de beber al sediento, o visitaron al enfermo o al encarcelado; a todos ellos les invitará a pasar al banquete de las bodas eternas. Porque –así dice Jesús- lo que hicisteis con uno de estos, conmigo lo hicisteis (cf. Mt 25, 31-46) Sí. El Señor viene hoy a nuestro encuentro en nuestro prójimo, y, en especial, en los necesitados de lo más elemental para supervivir, en los parados y en sus familias, en los que se sienten inútiles por  haber sido expulsados de la vida laboral o en los jóvenes que llevan años buscando un empleo.  

El Papa nos recordaba hace unos días que la fe que se hace activa y comprometida en la caridad es el distintivo de los cristianos, y que organizaciones como Cáritas ayudan a la Iglesia a hacer más visible y creíble el amor que procede de Dios; ese amor que nos nace en Navidad. Este es el distintivo cristiano: la fe que actúa en la caridad. Cada uno de nosotros está llamado a dar su contribución para que el amor con el que Dios nos ama desde siempre y para siempre se convierta en vida, en fuerza de servicio y en conciencia de responsabilidad. Es una forma excelente de prepararnos para la Navidad y de celebrarla.

Tengamos un corazón sensible. Éste es un tiempo propicio para compartir. No olvidemos que hay más alegría en dar que en recibir. Ni las ideologías ni los sistemas salvarán al hombre. Lo que necesitamos son testigos del amor de Dios, que afronten la crisis como una oportunidad para hacer el bien, generar esperanza y construir una sociedad, basada en la verdad, en la justicia y en la verdadera humanidad. Salgamos de nosotros mismos y ayudemos a los que peor lo pasan.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Catellón

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