La religión es fuente de paz
Mons. Alfonso Milián Todos anhelamos la paz; todos sentimos la necesidad de que la paz sea más firme, de que se respire más justicia, más verdad, más libertad, más amor… Cada día tenemos más adelantos, la técnica avanza a pasos agigantados, el desarrollo de los medios de comunicación es espectacular, la tierra produce más alimentos, y, sin embargo, crece la geografía del hambre, que ya afecta a cerca de mil millones de personas. Hay dinero para comprar armas y escasea para alimentar a los hambrientos.
Tal como ha diagnosticado el Papa, nuestro mundo está lleno de discordia y esto es una desgracia. No sólo hay guerras en muchos rincones del planeta; es la violencia en cuanto tal la que siempre está potencialmente presente y caracteriza a nuestro mundo. La libertad es un gran bien, pero muchas veces es una libertad sin orientación y muchos la tergiversan entendiéndola como libertad para la violencia.
Se ha intentado desterrar a Dios de la vida humana, pero la negación de todo valor trascendente termina engendrando crueldad y deshumanización. Al desterrar a Dios, el hombre se centra en sí mismo y llega a adorar a otros dioses: el dinero, el poder, el placer…, que lo deshumanizan.
Acaba de celebrarse un encuentro en Asís, convocado por el Papa, en el que han participado líderes religiosos de todo el mundo y de todas las religiones. Juan Pablo II inició estos encuentros de oración hace veinticinco años. Este último ha tenido el sugerente lema Peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz. Y ha pretendido testimoniar la gran fuerza que tiene la religión para que brille el bien, para construir la paz y reconciliar a los que están en conflicto, para devolver al hombre a la armonía con la creación.
En el encuentro de este año ha habido una novedad: la participación de cuatro personas no creyentes. Al invitarles, el Papa ha querido subrayar el hecho de que cada vez hay más personas que no tienen el don de la fe y, sin embargo, están en búsqueda de la verdad y de Dios. Estas cuatro personas han valorado positivamente la invitación, porque «en ocasiones, ciertos gestos tienen un valor simbólico incluso mayor que las palabras».
Posiblemente, el momento más emocionante del encuentro tuvo lugar cuando, al final de esta Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, los representantes de las diversas religiones y también los no creyentes tomaron la palabra para expresar su compromiso en favor de la paz. Tras un momento de silencio, la palabra dio paso al expresivo gesto de las velas encendidas que recibieron los representantes de cada delegación.
Hoy comienza el Adviento, tiempo de espera y esperanza. Es una ocasión propicia para que abramos nuestro corazón al Príncipe de la Paz, acogiendo la llamada que hizo el Papa al despedir a los asistentes al encuentro de Asís: «¡Nunca más la violencia! ¡Nunca más la guerra! ¡Nunca más el terrorismo! En nombre de Dios, todas las religiones traigan a la tierra Justicia y Paz, Perdón, Vida y Amor». Con mi afecto y bendición.
+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón


