Adviento, esperanza
Mons. Lorca Planes A los cuatro vientos se nos anuncia que viene un tiempo nuevo, el Adviento, un tiempo nece-sario para los cristianos donde saboreamos la novedad de Dios, la permanente presencia del Señor de la historia, para salvarnos del fatalis-mo al que nos están llevando los intereses hu-manos, los desaciertos de los que defienden un mundo sin Dios, el fracaso del secularismo y la oscuridad del deshumanizado relativismo. El tiempo del Adviento, inaugurado en este do-mingo nos ofrecerá la posibilidad de vivir la sal-vación en el momento presente de nuestra his-toria, en contacto con el eterno misterio de Cristo. La Iglesia, Maestra en humanidad, nos invita a contemplar nuestra situación actual pa-ra ofrecernos el más precioso tesoro que en-cierra en su corazón, la esperanza más viva: Jesucristo.
Solo la Iglesia se atreve a hablar de esperan-za, sólo la Iglesia nos habla en lenguaje positi-vo; en medio de estos vacíos de futuro nos abre las puertas para que contemplemos al Salvador, al Redentor, “Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, reali-zó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación” (Primer Prefacio de Adviento). A una sociedad que anda sin rumbo la Iglesia le muestra al Mesías, al Señor… le dice que hay esperanza, que hay otros valores más importantes que el dinero, los negocios, el culto al cuerpo… que está el hombre, al que hay que salvar, que está Dios ofreciéndonos los bienes prometidos.
La Iglesia ora con rea-lismo ante las necesi-dades de los hombres, no pone “paños calientes”, ni adorna con lenguajes confusos el sufrimiento del prójimo. Por eso nos ofrece el mejor remedio para la crisis, para todas las crisis: Jesucristo. La tarea de un cristiano es predicar a Cristo con la pala-bra y con las obras e intensificar la fe y la con-fianza en Él. Somos de la verdad.
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartajena


