Ordenaciones en la catedral
El próximo domingo, día 6 de noviembre, podremos nuevamente participar con gozo de la celebración del Sacramento del Orden que recibirán dos hermanos nuestros, uno en el grado de diácono y el otro en el grado de presbítero.
Será en nuestra Catedral a las 17 horas. Quiero invitaros a dar gracias todos juntos por este nuevo regalo de Dios en la Iglesia de Lleida.
Estos hermanos que han querido decir SÍ a la llamada del Señor encarnando historias muy diferentes e, incluso, insospechadas. Es cierto que el Espíritu de Dios es multiforme en sus dones. Él sopla donde quiere. Y lo hace de manera inesperada y siempre sorprendente. En este caso, los candidatos al Sacramento del Orden son el diácono Mn. Lucas F. Evung, guineano y miembro de nuestro Seminario desde el tiempo del obispo Ciuraneta, y el Sr. Manuel de la Varga, viudo que colabora pastoralmente con nosotros desde hace dos años, después de la necesaria preparación académica en la Facultad de Teología de Barcelona. Pedimos para los dos la gracia de una total identificación con el ministerio que recibirán. Sabemos que la eficacia sustancial del Sacramento del Orden no depende de la santidad del ministro, pero no podemos dejar a un lado su exigencia objetiva que nos pide a los llamados el compromiso humilde y paciente de armonizar nuestra vida con la santidad del ministerio que se nos confía. Hoy y siempre todos tenemos que dar un vigoroso testimonio evangélico.
Tal como se nos pedía durante el año sacerdotal (2009) y para no comprometer la eficacia de nuestro ministerio hay que vivir impregnados por la Palabra de Dios, haciendo que nos alimente de verdad y deje huella en nuestras actitudes y pensamientos. Del mismo modo que Jesús llamó a los Doce para estar con Él (Mc 3,14), y sólo después los envió a predicar, también ahora los llamados hace falta que asimilemos este «nuevo estilo de vida» que el Señor Jesús inauguró y que los Apóstoles hicieron suyo.
A mis hermanos sacerdotes me permito recordarlos que somos sacerdotes porque Él nos ha querido así, nos ha llamado y nos ha querido así, y así todavía nos quiere y nos ama Él que es fiel por siempre jamás en el amor. Somos sacerdotes porque un día, Él nos vino al encuentro (cada uno de nosotros sabe cómo). A Él que nos llama, le hemos dicho que sí y desde entonces seguimos —por su misericordia— deseando e intentando querer aquello que Él quiere para nosotros. Sabemos que no habríamos podido ser sacerdotes y serlo a pesar de todo en fidelidad, si no hubiera sido porque Él que nos lo diera. A pesar de que siempre nos parecerá poco lo que hayamos podido hacer de bueno, sabemos que lo hemos hecho porque es Jesús quien nos ha dado la capacidad de hacerlo y nos ha hecho capaces de hacer gestos de gratuidad que nosotros jamás hubiéramos soñado.
Confiemos estos dos hermanos al Buen Dios y a la Santísima Virgen María, pidiendo que susciten en ellos y en todos los bautizados, que participamos del único sacerdocio de Cristo, un generoso y renovado impulso para hacer nuestros los ideales de total donación al Señor y a su Iglesia.
Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,
+ Joan Piris Frígola
Obispo de Lleida


