Examen de conciencia
EXAMEN A TODOS LOS DIRIGENTES Y RESPONSABLES DE LA IGLESIA, DE SUS ACTIVIDADES PASTORALES Y A TODOS LOS CRISTIANOS.
El evangelio de hoy presenta una dura crítica a la forma de hacer por parte de los maestros de Israel, para ofrecerla, como si de un espejo se tratara, a los responsables y organismos del nuevo Israel, que es la Iglesia, a cada parroquia, a nuestros grupos pastorales y a todo cristiano o cristiana.
En el evangelio es constante la contraposición entre lo que sucedía en Israel y lo que ha de suceder en la Iglesia de Jesús.
El evangelio ofrece cinco motivos de crítica o examen.
- Decir y no hacer (dicen y no hacen).
- Cargar fardos en las espaldas ajenas pero no trasladarlos personalmente.
- Actuar para ser bien vistos por los demás y que nos consideren los primeros.
- Querer ser importantes, antes que servidores.
Se trata pues, de una buena invitación, a todos los que tienen responsabilidades en la Iglesia, obispos, presbíteros, diáconos; a todos cuantos asumimos servicios pastorales y tenemos responsabilidades, y también a todos los cristianos para que examinemos nuestra forma de actuar. Examen, tanto para las personas, como para los organismos.
1 EXAMEN PARA NOSOTROS, MINISTROS ORDENADOS, OBISPOS, PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS.
Tenemos la misión de ser maestros y guías de las comunidades, y por ello las palabras de Jesús se dirigen especialmente a nosotros. Intentamos ejercer nuestra misión con alegría y dedicación, pero no somos santos. Que más quisiéramos que ser santos, en nuestra condición de pastores solícitos, porque es por medio de nuestro amor y ejemplo de nuestra vida, que podemos ofrecer el Cristo que salva.
Con frecuencia hemos de pedir perdón porque no somos un reflejo de Dios, porque no conseguimos vivir de acuerdo con el Evangelio que predicamos y celebramos. Recordemos que no somos nosotros los guías y maestros, lo es el Señor, y nosotros lo seremos únicamente en la medida que estemos inmersos en su Palabra y en comunión con la Iglesia. Pese a todo, hemos de dedicar nuestra vida, el corazón, el pensamiento, las palabras, los ojos, las manos, los pies… Para que Él pueda identificarse en cada persona y ofrecerle sus dones..
Pedimos perdón por nuestras limitaciones y pedimos que roguéis por nosotros.
2 EXAMEN DE CONCIENCIA PARA TODOS CUANTOS TENEIS RESPONSABILIDADES EN LA PARRÓQUIA
Todos y todas habéis recibido una llamada o invitación de Dios para trabajar a favor de su pueblo, y habéis respondido con generosidad. Tenemos el deber de agradecéroslo. Pero, también corréis el riesgo de caer en alguno de los peligros que señala Jesús. Habéis de trabajar, para ser coherentes, ya que las palabras han de ser testimonio de vida. Vuestras responsabilidades no os hacen superiores a los demás, sino más servidores, humildes servidores. Tampoco sois maestros, ni guías, lo es Cristo. Por ello, cuando pensáis y decís de corazón “no nos atrevemos a enseñar, a ser catequistas, ni a…” no hacéis otra cosa que reconocer que Cristo es el maestro, pero Él os necesita para hablar y actuar hoy en medio de nuestro pueblo, en comunión con los pastores de la Iglesia.
Este examen también debe hacerse extensivo para valorar como actúan los organismos y grupos de Iglesia.
3 EXAMEN DE VIDA PARA TODOS LOS QUE SOMOS CRISTIANOS
Todo cristiano o cristiana, aunque no ejerza responsabilidades o realice trabajos concretos en la parroquia, aunque no ocupe cargo alguno, tiene la responsabilidad de la familia, como padre o madre, hijo, abuelo, en el trabajo, con los amigos… es una señal visible de Jesucristo y su Iglesia ante los demás y los demás se fijan en ello.
Decirnos cristianos, asistir a misa… es afirmar que creemos en el camino del evangelio, que para vivir nos fiamos de Jesús. Por ello hemos de intentar vivir según lo que decimos y creemos.
Naturalmente, que sabemos que somos limitados y pecadores, pero las personas nos miran para tratar de descubrir si vivimos verdaderamente lo que decimos creer.
Cuando hacemos examen de conciencia no se trata de lanzar la piedra de las acusaciones sobre el otro o los otros, sino para que cada cual reconozca la necesidad del perdón y la conversión. Y también la necesidad de dar gracias, porque, en definitiva, todo servicio que prestamos o responsabilidad que asumimos es un don que tenemos encomendado.
+Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona


