Misioneros en la aldea global

En 1926 Pío XI estableció que el penúltimo domingo de cada octubre se celebrara en toda la Iglesia el Domingo Mundial de las Misiones. Precisamente a partir de las primeras sílabas de las palabras Domingo y Mundial se formó el nombre de DOMUND con que se conoce esta jornada que celebramos este domingo.

Cuando aquel Papa lanzó la propuesta, hacía sólo treinta años que el joven Guillermo Marconi había obtenido la primera patente de un invento que se llamaría radio, y, desde luego, no existía la televisión ni  Internet. La idea de un mundo intercomunicado, de una aldea global en la que los vecinos saben en tiempo real lo que sucede a otros, es actual, no de aquel tiempo.

Sin embargo, la Iglesia ya tenía la idea de que su mensaje debía esparcirse por todo el mundo. Se trata de una idea que se remonta a las enseñanzas de Cristo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio”, o en palabras que sirven de lema para la jornada del DOMUND 2011: “Como el Padre me ha enviado a mí, así también os envío yo”.

Desde los primitivos tiempos, los cristianos fueron muy conscientes de que debían abandonar su casa y sus comodidades para predicar la buena nueva y ayudar a los necesitados, siguiendo el ejemplo del mismo Jesús, de quien dice el Evangelio que “recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la buena nueva del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias”. (Mt 9,35).

A lo largo de los siglos una cadena ininterrumpida de hombres y de mujeres han abandonado su hogar -que siempre han conservado en el corazón y en la memoria- para ir a evangelizar a otros pueblos. Una tarea que no se ha reducido a predicar, sino que se ha concretado en identificarse plenamente con la gente de otras culturas, respetando sus tradiciones y mostrándoles el camino hacia Dios.

Pablo VI dijo, refiriéndose a esta misión integral: “No es aceptable que en la evangelización se descuiden los temas relacionados con la promoción humana, la justicia y la liberación de toda forma de opresión”. La ayuda es a cada persona, no a su alma o a su cuerpo, que no pueden separarse.

Os invito a rezar por nuestros misioneros, a ayudarles con nuestra solidaridad desde la distancia geográfica y nuestra cercanía espiritual. El Arzobispado de Tarragona tiene misioneros en diversas partes del mundo haciendo un servicio heroico a personas que los aprecian como si fueran de su familia, porque ciertamente lo son.

En agosto, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, celebramos en nuestra Archidiócesis diversos talleres misioneros en donde se intentó dar a conocer a los jóvenes que, estaban de paso hacia Madrid, la realidad de las misiones a través de experiencias personales auténticas. Pienso que fue un acierto, como lo será toda la divulgación que se haga de la actividad misionera. Sin duda, esta fue la mentalidad con la que nació la jornada del DOMUND en el año 1926, y desde entonces se celebra cada año.

† Jaume Pujol Balcells
Arquebisbe metropolità de Tarragona i Primat

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