Amar a Dios y al prójimo
¿CUAL ES EL MAYOR MANDAMIENTO DE LA LEY?
Deberíamos erigir un monumento al maestro de la ley que planteó esta pregunta a Jesús. La pregunta sobre el mayor de los mandamientos, es la pregunta más importante para la vida, por lo que tiene de centralidad. Manifiesta el deseo de hallar el principio que unifica y da sentido a todos los actos de nuestra vida.
Según los expertos, los judíos tenían unos 600 preceptos o leyes, si contamos todas las que mandaban o prohibían alguna cosa. Una dispersión total.
La pregunta, todavía hoy sigue siendo de actualidad. Vivimos bajo una gran cantidad de normas y leyes de la sociedad civil, y también de la Iglesia por lo que se refiere a los católicos.
Y al mismo tiempo vivimos en medio de un gran desconcierto respecto de aquello que es realmente importante.
Diversas personas me han manifestado esta preocupación: ya no sabemos lo que es importante y lo que no lo es. No sabemos que hemos de hacer, ante tantas cosas…
Por lo tanto, es fundamental que sintamos la necesidad de plantearnos también esta cuestión: ¿Qué ha de ser para mí lo verdaderamente importante?
La originalidad de Jesús: manifestar de una forma clara cual es la voluntad de Dios. Situar a cada persona ante Dios y el prójimo y pedir la única actitud posible, el amor. Unir el amor a Dios y al prójimo de forma inseparable, una enseñanza al alcance de todos.
Ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu entendimiento.
Ama a Dios totalmente, ya que este amor ha de moverte y envolver toda tu vida.
En el momento cultural y social que vivimos hoy, es bueno recordar y acentuar este primer mandamiento. Por una lado, Dios se está convirtiendo en el gran desconocido, no solo porque no se habla mucho de Él, y porque ha perdido importancia social desapareciendo del horizonte vital de algunas personas, sino también porque no se entiende que significa amarlo, no se considera algo importante y no es uno de los objetivos vitales.
Por otro lado, me parece que no se puede vivir sin Dios. La vida diaria nos demuestra que, con frecuencia, nos fabricamos nuestros propios dioses, nuestros ídolos; y por tales ídolos o falsos dioses estamos dispuestos a sacrificarlo todo. A título de ejemplo, podemos considerar como tales dioses nuevos o ídolos, el dinero, el prestigio, el placer, las posesiones, el culto al cuerpo…
Nosotros creemos que hay un solo Dios que nos ama y salva, el Dios de Nuestro Señor Jesucristo. Y solo podemos amar a quien conocemos cordialmente.
No se trata únicamente de no negarlo y decir “yo ya creo en Dios”, sino de la necesidad de la experiencia personal de Dios. Y el amor de Dios proyecta unas señales concretas, un termómetro, como el orar, celebrar la Eucaristía y los sacramentos, buscar siempre la voluntad de Dios, amar como Él nos ama. Amar a Dios es dar respuesta siempre al amor que Él nos tiene.
La pregunta de hoy, no es únicamente la de si amo a Dios, sino, si le amo con todo mi corazón, con todas mis fuerzas y con todo mi entendimiento.
AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO
Es algo que sabemos de memoria, que es muy importante, pero que se nos hace difícil.
No olvidemos que amar es respetar, valorar, servir, acoger, acompañar, perdonar… Quisiera fijarme hoy en algunos aspectos muy concretos. Amar exige restañar heridas a las personas y no causar otras, ya sea en el entorno familiar, profesional, entre las amistades, en el ámbito de lo cotidiano.
Amar requiere que nos preguntemos, ¿Qué hacemos concretamente para ayudar a vivir a las personas que más sufren las consecuencias del debacle económico?
UNIDAD DEL AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO
La originalidad de Jesús es la de unir el amor a Dios y al prójimo. Si no amamos a los demás, no amamos a Dios. Pero, si no nos dejamos amar por Dios y no lo amamos, también nos será difícil amar al prójimo, tal como Él nos ama.
+Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona


