Un diluvio de gracia para España

Todavía no hay perspectiva suficiente para valorar el alcance humano, espiritual y social que ha supuesto la Jornada Mundial de la Juventud que hoy concluye en Madrid. Pero ya se puede afirmar, sin miedo a equivocarnos, que ha sido un diluvio de gracia de Dios sobre España y el mundo en general.
Hace unos días se escandalizaba un periodista, porque entre el millón y medio de jóvenes venidos de todo el mundo para esta Jornada, había quienes usaban el preservativo. El Cardenal Rouco ha ido mucho más lejos. Da por supuesto que entre esos centenares de miles de jóvenes más de uno puede haber cometido el crimen horrendo del aborto. De hecho, ha concedido a todos los confesores de la Jornada la facultad de absolver de la excomunión en que incurren quienes lo cometen, cuya absolución se reserva al obispo.
Pero el Cardenal de Madrid es suficientemente inteligente para saber que ni ese crimen ni cualquier otro son obstáculo para acercarse a Jesucristo, obtener de él su perdón y comenzar una nueva vida. Tan nueva, que puede terminar siendo la de un santo. La Iglesia, a diferencia de tantos inquisidores laicos que sí lo son, no es una madrastra sino una madre. Madre y, a la vez, Esposa del que no dudó en dar la vida por los pecadores e instituyó un sacramento precisamente para esto: para perdonar los pecados y así reconciliar a los hombres con Dios, con los demás y consigo mismos.
Recuerdo que cuando leí la conversión de Adriana Borghese, me impactó lo que ella decía sobre la primera confesión que hizo después de una larga cadena de años alejada de la Iglesia. Según confesión propia, sólo en aquel momento sintió una verdadera catarsis, incluso psicofísica, al tener la certeza de que Dios había perdonado todos sus desvaríos. Perdonar en el sentido fuerte de «borrar», «destruir», «dejar de existir». De ahí sacó una fuerza inmensa para volver a empezar una vida de amor a Dios y a los demás.
Algo semejante contaba Mondadori en sus memorias. Él tenía a sus espaldas una vida tan complicada que, entre otras cosas, llevaba a cuestas dos divorcios. Después de muchos años de alejamiento completo de Dios, Dios salió al encuentro y le ofreció su perdón. Y Mondadori, al verse perdonado, se sintió ‘otro’. De hecho, murió con una gran paz.
El periodista que se escandalizaba, no sé si de verdad o de modo farisaico, desconoce que para ser cristiano no es necesario ser impecable o pluscuamperfecto. Dios se conforma con que seamos humildes y le pidamos perdón tantas cuantas veces sea necesario. Quizás se acuerde de aquella mujer sorprendida en adulterio, a la que Jesús defendió de sus acusadores de forma tan inequívoca: “¿Nadie te ha condenado?. Pues yo tampoco te condeno. Vete y no peques más”. En el fondo es lo mismo que hizo con Pedro y lo mismo que habría hecho con Judas. Bien miradas las cosas, los dos casos son muy similares. Judas vendió a Jesús por treinta monedas de plata; Pedro, por un puñado de miedo y de cobardía. La diferencia consistió en que miró a Jesús y rompió a llorar, mientras que Judas le volvió la espalda y se fue a ahorcar.
Los sacerdotes y obispos no podemos decir nada de lo que oímos en confesión, porque tenemos la gravísima obligación de guardar el secreto más absoluto, el «sigilo sacramental». Pero, si pudiesen hablar los miles de sacerdotes que han estado confesando horas y horas durante toda la semana de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, yo estoy seguro que nos contarían verdaderos milagros. Y no uno ni dos, sino tantos que nos causarían verdadera conmoción.
Esos secretos sacramentales, secretos permanecerán. Pero sus efectos saldrán a la luz y veremos tantas conversiones y vocaciones que podremos decir con verdad que la Jornada Mundial ha sido un verdadero diluvio espiritual sobre España y el mundo.

Acerca del autor

Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Primeros estudios en el Colegio de la Merced de los Hermanos Maristas. Estudios sacerdotales en el Seminario Diocesano de Murcia, diócesis de Cartagena. Ordenación sacerdotal el 21 de junio de 1964. Primer destino pastoral: Coadjutor de Santiago Apóstol de Totana. Profesor del Instituto de Enseñanza Media y Vicedirector. Licencia en Sagrada Teología en la Universidad Gregoriana de Roma (1966-1968) y en Teología Moral en el Instituto de S. Alfonso de Roma (1968-1970). Vicario Cooperador en la Parroquia de Santa Emerenciana de Roma (1967-1969) y Director espiritual del Centro ELIS (Centro de formación de jóvenes trabajadores) en el barrio Tiburtino y Colaborador en la Parroquia de S. Giovanni al Collatino de Roma (1969-1970). Coadjutor de la Parroquia de S. Nicolás de Murcia, Profesor de Teología en la Facultad de Medicina y de Teología Moral del Instituto Superior de Teología (1970-1972). Canónigo Penitenciario de la Diócesis de Albacete por concurso de oposición hasta 1975. Profesor de la Escuela de Enfermeras de Santa Cristina y Director espiritual del Instituto Femenino de Enseñanza Media. Labor pastoral: dedicación al Sacramento de la Penitencia; predica abundantes Retiros y Cursos de retiro para jóvenes, adultos y sacerdotes. Tesis doctoral en septiembre de 1975 en la Universidad de Navarra sobre Los bona matrimonii en la Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. Canónigo Penitenciario de la Archidiócesis de Valencia por concurso de oposición (13-XI-75). Profesor de la Facultad de Teología de S. Vicente Ferrer. Capellán del Colegio Mayor Universitario de la Asunción. Labor pastoral: Cursos de retiro para Universitarias; en la Catedral ejerce el Sacramento de la Penitencia. Juan Pablo II le nombra Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia (17-IV-85). Profesor en el Instituto Juan Pablo II de la Universidad del Laterano y en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Colaborador en la parroquia de Santo Tommaso Moro de Roma. Nombrado por S. S. Juan Pablo II Obispo titular de Cizio y Secretario del Pontificio Consejo para la Familia (3-IV-96). Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos desde el 28 de marzo de 2002. Miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia.
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