Comienza en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud

El Beato Juan Pablo II es el creador de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Durante su largo pontificado celebró diecinueve; algunas tan concurridas, que pulverizaron los mayores record de asistencia y participación. Torre Vergata, por ejemplo, congregó a más de dos millones y medio de jóvenes, siendo la mayor concentración de este tipo de todos los tiempos.
A su muerte, muchos pensaron que con él morían también las Jornadas de la Juventud, sobre todo, tras conocerse el nombre de su sucesor. Juan Pablo II tenía el carisma de los jóvenes y había trabajado intensamente con ellos durante la larga y férrea dictadura comunista que padeció Polonia después de la segunda guerra mundial. Era poeta, actor, deportista, con una alegría desbordante y con un aire juvenil que ratificaba que había sido elegido Papa siendo excepcionalmente joven. Benedicto XVI carece de todas estas cualidades y se tendía a calificarle como un profesor capaz de profundos análisis teológicos pero incapacitado para convocar grandes masas de jóvenes a una fiesta juvenil de la fe.
Los hechos no han confirmado las previsiones. Tanto en Colonia, en 2005, como en Sydney, en 2008, continuó la racha de su predecesor. Valorando la Jornada de Sydney, una ciudad secularizada y comercial, decía a la Curia Romana: “Australia nunca había visto tanta gente de todos los continentes como durante la Jornada Mundial de la Juventud. Ni siquiera con ocasión de las Olimpiadas”. Ahora viene a Madrid y se verá rodeado de centenares de miles –más de un millón esperan los organizadores- de jóvenes de todo el mundo.
Una de las cosas que más llaman la atención en estas Jornadas es que tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI no doran la píldora a los jóvenes, con un mensaje populista y facilón, del que se han quitado cuidadosamente todas las aristas de lo políticamente correcto. Al contrario, sus mensajes rezuman exigencia, verdad, autenticidad. El Papa no trata de ganar votos con promesas que no va a cumplir, ni comprar sentimentalismos con un hipócrita I love you. Juan Pablo II les decía, en mil tonos y modulaciones, cosas como éstas: “No a la injusticia; no al placer sin reglas morales; no al odio y a la violencia; no a los caminos sin Dios; no a la irresponsabilidad y a la mediocridad; y sí a Dios, a Jesucristo, a la Iglesia; sí a la fe y al compromiso que encierra; sí a la justicia, al amor y a la paz; sí a vuestro deber de construir una sociedad más justa”.
Benedicto XVI no ha cambiado de registro: “La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren caminos más fáciles. No os desaniméis. Buscad, más bien, el apoyo de la comunidad cristiana”, dice en el Mensaje para esta Jornada.
Yo estoy seguro de que a lo largo de estos días muchos miles de jóvenes se acercarán al sacramento de la Penitencia para reconciliarse con Dios, después, quizás, de lustros de alejamiento. Muchos más van a tener la experiencia de ver que no están solos en el camino que están recorriendo hacia Jesucristo. Todos van a gozar celebrando la alegría de su fe y de su pertenencia a esta familia mundial que es la Iglesia. Todos también van a sentir la verdad de la promesa de Jesús: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. Por eso, habrá muchas conversiones y muchas vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa, a la entrega celibataria en medio del mundo y al matrimonio vivido como camino de santidad. Quizás sea todo esto lo que le ha puesto nervioso al diablo, padre del pecado, de la división, del odio y de la mentira; y enemigo del amor, de la verdad y de la autenticidad. Me gustaría que al abrir mañana su mochila en Madrid, estos jóvenes encontrasen nuestra oración, nuestro afecto y nuestro apoyo incondicional.
+ Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos

Acerca del autor

Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Primeros estudios en el Colegio de la Merced de los Hermanos Maristas. Estudios sacerdotales en el Seminario Diocesano de Murcia, diócesis de Cartagena. Ordenación sacerdotal el 21 de junio de 1964. Primer destino pastoral: Coadjutor de Santiago Apóstol de Totana. Profesor del Instituto de Enseñanza Media y Vicedirector. Licencia en Sagrada Teología en la Universidad Gregoriana de Roma (1966-1968) y en Teología Moral en el Instituto de S. Alfonso de Roma (1968-1970). Vicario Cooperador en la Parroquia de Santa Emerenciana de Roma (1967-1969) y Director espiritual del Centro ELIS (Centro de formación de jóvenes trabajadores) en el barrio Tiburtino y Colaborador en la Parroquia de S. Giovanni al Collatino de Roma (1969-1970). Coadjutor de la Parroquia de S. Nicolás de Murcia, Profesor de Teología en la Facultad de Medicina y de Teología Moral del Instituto Superior de Teología (1970-1972). Canónigo Penitenciario de la Diócesis de Albacete por concurso de oposición hasta 1975. Profesor de la Escuela de Enfermeras de Santa Cristina y Director espiritual del Instituto Femenino de Enseñanza Media. Labor pastoral: dedicación al Sacramento de la Penitencia; predica abundantes Retiros y Cursos de retiro para jóvenes, adultos y sacerdotes. Tesis doctoral en septiembre de 1975 en la Universidad de Navarra sobre Los bona matrimonii en la Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. Canónigo Penitenciario de la Archidiócesis de Valencia por concurso de oposición (13-XI-75). Profesor de la Facultad de Teología de S. Vicente Ferrer. Capellán del Colegio Mayor Universitario de la Asunción. Labor pastoral: Cursos de retiro para Universitarias; en la Catedral ejerce el Sacramento de la Penitencia. Juan Pablo II le nombra Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia (17-IV-85). Profesor en el Instituto Juan Pablo II de la Universidad del Laterano y en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Colaborador en la parroquia de Santo Tommaso Moro de Roma. Nombrado por S. S. Juan Pablo II Obispo titular de Cizio y Secretario del Pontificio Consejo para la Familia (3-IV-96). Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos desde el 28 de marzo de 2002. Miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia.
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