Siempre es posible la esperanza

Estos días he conocido la historia de dos casos sobrecogedores y, a la vez, llenos de esperanza: la de Laura, mujer mejicana, y la de José-Antonio, de Barcelona. Ellos mismos narran las tragedias humanas a las que les condujeron el aborto y el alcohol. Y lo que es capaz de hacer el amor de Dios cuando uno se decide a darle acogida en su corazón.
Laura se trasladó a la ciudad de México cuando tenía 16 años. «Me alojé con una tía lesbiana -cuenta- y allí comencé a impregnarme de muchas ideas y a experimentar un fuerte rechazo a la Iglesia Católica».A los 18 años comenzó a tener relaciones sexuales, pensando que no pasaba nada si un día quedaba embarazada: «aborto y ya está». Efectivamente, quedó embarazada y decidió abortar. «Pero con mi bebé –dice- murieron todas mis ilusiones. Creo que ese día yo me asesiné, me hundí en un infierno de tristeza y vi destruido mi proyecto de vida». Durante veinte años no dejó de ir de un psicólogo a otro y cuando oía llorar a un bebé sentía un dolor interminable y una tristeza espantosa. Cayó en todo: en la brujería, en el vacío, en la soledad. «No encuentro palabras para explicarlo».
Años más tarde se casó y fue a vivir a otra ciudad. Al lado de su nueva casa había una iglesia y el sonar de las campanas y el canto de los fieles penetraba por la ventana. Durante mucho tiempo siguió sin entrar en ella. «Cansada de la vida, decidí entrar en el templo y confesarle al sacerdote todo lo que me estaba ocurriendo. En ese momento me regresó la paz, porque el sacerdote me enseñó a perdonarme a mí misma». De la mano de Dios, su vida ha ido cambiando poco a poco y hoy es una mujer casada, tiene un hijo de cinco años y vive feliz con su marido, que también la ha ayudado en su recuperación. Hace unos días sintió rabia cuando leyó «la declaración de una mujer que decía: Dejad que las mujeres aborten en paz. ¡Qué tontería! No saben a dónde están conduciendo a las mujeres».
Antonio tenía un buen empleo y una familia. Empezó a beber por alternar y terminó haciéndose esclavo de la barra de los bares. La convivencia matrimonial se deterioró «y mis borracheras hacían de mi hogar un verdadero infierno». Trabajaba como jefe de área en una multinacional, pero su progresiva dependencia del alcohol le hizo perder el puesto de trabajo. Al poco, le abandonó su esposa. Poco a poco fue perdiendo los amigos. Un buen día, le cortaron la luz por falta de pago. «Mi única ilusión era conseguir una botella de vino y me acostaba pensando de dónde sacaría cien pesetas para conseguir un litro de vino peleón». No pisaba una iglesia desde hacía más de veinte años. Una noche llegó borracho como de costumbre a casa. «Tenía un crucifijo en mi habitación, lo miré y aquella noche me arrodillé y llorando le dije: “Si tú no me sacas de este pozo yo no puedo salir”».
Unos días más tarde, una mujer del barrio a la que no conocía, se le acercó y le dijo: “Jesús te ama”. Él se lo tomó a broma y pensó: «¿Cómo puede Jesús quererme a mí con la vida que llevo y riéndome de todas esas cosas de iglesia?» Siguieron hablando y a los pocos días le llevó a un grupo de oración de la Renovación Carismática. «Un día me confesé, después de tantos años. Pero no podía comulgar, no me había perdonado a mí mismo. Más tarde ya lo hice» Siguió participando en el grupo y poco a poco su vida se fue normalizando. Cayó gravemente enfermo pero Dios se sirvió de la enfermedad como «de palanca para dejar definitivamente la bebida». Hace ya 16 años que no prueba el alcohol. «Veo, concluye, que el Señor actúa en nuestras vidas diariamente. A Él le debo que me sacara del pozo. Por eso, animo a los que tengan problemas de bebida que acudan al médico que puede curarles: Jesús». Como decía al principio: dos casos tan impresionantes como esperanzadores.

+Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos

Acerca del autor

Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Primeros estudios en el Colegio de la Merced de los Hermanos Maristas. Estudios sacerdotales en el Seminario Diocesano de Murcia, diócesis de Cartagena. Ordenación sacerdotal el 21 de junio de 1964. Primer destino pastoral: Coadjutor de Santiago Apóstol de Totana. Profesor del Instituto de Enseñanza Media y Vicedirector. Licencia en Sagrada Teología en la Universidad Gregoriana de Roma (1966-1968) y en Teología Moral en el Instituto de S. Alfonso de Roma (1968-1970). Vicario Cooperador en la Parroquia de Santa Emerenciana de Roma (1967-1969) y Director espiritual del Centro ELIS (Centro de formación de jóvenes trabajadores) en el barrio Tiburtino y Colaborador en la Parroquia de S. Giovanni al Collatino de Roma (1969-1970). Coadjutor de la Parroquia de S. Nicolás de Murcia, Profesor de Teología en la Facultad de Medicina y de Teología Moral del Instituto Superior de Teología (1970-1972). Canónigo Penitenciario de la Diócesis de Albacete por concurso de oposición hasta 1975. Profesor de la Escuela de Enfermeras de Santa Cristina y Director espiritual del Instituto Femenino de Enseñanza Media. Labor pastoral: dedicación al Sacramento de la Penitencia; predica abundantes Retiros y Cursos de retiro para jóvenes, adultos y sacerdotes. Tesis doctoral en septiembre de 1975 en la Universidad de Navarra sobre Los bona matrimonii en la Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. Canónigo Penitenciario de la Archidiócesis de Valencia por concurso de oposición (13-XI-75). Profesor de la Facultad de Teología de S. Vicente Ferrer. Capellán del Colegio Mayor Universitario de la Asunción. Labor pastoral: Cursos de retiro para Universitarias; en la Catedral ejerce el Sacramento de la Penitencia. Juan Pablo II le nombra Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia (17-IV-85). Profesor en el Instituto Juan Pablo II de la Universidad del Laterano y en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Colaborador en la parroquia de Santo Tommaso Moro de Roma. Nombrado por S. S. Juan Pablo II Obispo titular de Cizio y Secretario del Pontificio Consejo para la Familia (3-IV-96). Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos desde el 28 de marzo de 2002. Miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia.
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