Pentecostés, la Iglesia en el mundo

Pentecostés nos pide atreverse a traspasar los muros del Cenáculo y pasar a actuar con más confianza en el Espíritu del Resucitado que no deja de empujar «mar adentro». Es lo contrario de dar vueltas sobre nosotros mismos, atrapados en tareas y apostolados más bien «de mantenimiento » y/o con pocas ganas de «salir de Jerusalén».
Fijándome en el Objetivo Prioritario que nos hemos señalado para el futuro inmediato en Lleida (UNA MEJOR PRESENCIA DE IGLESIA EN EL MUNDO), he recordado una metáfora que expresa muy bien la necesidad de una comunicación más inmediata entre estas dos instancias, particularmente entre la Iglesia y las jóvenes generaciones: «pienso en una Iglesia gira-sol que, tomando luz de arriba, gira la mirada hacia aquellos que no tienen el ánimo para acercarse…».
Celebrando en este nuevo Pentecostés el nacimiento de la Iglesia, pedimos una vez más al Espíritu Santo que al llenarnos de sus dones nos haga crecer en dinamismo y en capacidad de descentrarnos, pensando y viviendo más para los demás. Es con esta intención que nos reunimos de maneras tan diversas para rezar, reflexionar y discernir orgánicamente, intentando promover la participación de los bautizados que quieran aportar su contribución responsable, según carismas y vocaciones, sin dejarse reducir al papel de simples consumidores, ni que sea de sacramentos.
Muchas veces tengo presente aquella imagen de san Francisco de Asís, al cual muchos consideramos el mejor discípulo del Jesús del Evangelio, quien queriendo poner a Dios en el primer lugar de su vida (sin ninguna caricatura o deformación), dedicándole tiempo, concentración y pasión, al escuchar aquella voz a san Damián («vete, repara mi casa…») es capaz de tomar la decisión de vivir apasionado por la Iglesia, para reparar la Iglesia de Jesús…
Contando con la Gracia de Dios, tenemos que hacer todo lo posible para conseguir en Lleida una Iglesia «gira-sol», una Iglesia para todo el mundo, en la cual los católicos «tomando la luz de arriba» (no de aquel pequeño sol que calienta ocasionalmente según circunstancias o conveniencias de grupo o ideologías), giramos nuestras cabezas, nuestros corazones, nuestra atención preferente hacia aquellas personas y realidades que van alejándose por tantos motivos y a quienes tenemos que ofrecer la Buena Nueva de Jesús «remando mar adentro», como también nos lo pide el Sucesor de Pedro cuando repetidamente nos llama a una nueva evangelización.
Nuestra Iglesia, cada uno de sus miembros, tenemos que tomar más seriamente el mandato del Señor: «Id y anunciad a todos…», «Seréis mis testigos en Jerusalén, en Samaria y hasta los confines de la tierra». La comunidad de Jesús se tiene que seguir manifestando cada día como lo hizo la primitiva comunidad apostólica, incluso empujada por el rechazo y las persecuciones que tampoco han faltado nunca.
Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,
+ Joan Piris Frígola
Obispo de Lleida


