“Ser cura: Sergio y Don José”, carta del arzobispo de Oviedo


Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Con sus ojitos abiertos como ventanas de par en par, siguió la misa con una atención insólita. Era la primera vez que iba como Arzobispo a un pueblecito de la costa en mi nueva tierra asturiana. El pequeño, se llama Sergio, con carita de frío y en primera fila llevaba con garbo sus diez años llenos de una vida hermosa casi todavía sin entrenar y que la tinta de la gracia Dios irá poco a poco escribiendo en el folio de su libertad.
Al acabar la misa me lo vino a decir a la sacristía con esa convicción de quien está seguro de las cosas que no son para

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