“Semillas de esperanza”, carta de Mons. Joan Piris

Continuando las reflexiones motivadas por el año sacerdotal convocado por Benedicto XVI en memoria del Santo Cura de Ars y, pensando en tantos jóvenes -o no tan jóvenes- que podrían plantearse en conciencia qué quiere Dios que hagan de su vida, recuerdo aquello que contaban de un tal Dr. Livingstone. Cuando fue a trabajar a África, unos amigos le escribieron: “Queremos enviarle gente que lo ayude. ¿Existe ya una buena carretera hasta ese lugar”?. El Dr. envió como respuesta este mensaje: “Si tienen Ustedes gente que sólo vendría si hubiera una buena carretera, no los quiero para nada. ¡Sólo quiero gente dispuesta a venir aunque no haya carretera”!
Pues bien, con ocasión de este año especialmente dedicado a rogar por los sacerdotes, a pensar y decidir, yo también quiero repetir una vez más mi llamamiento a todos aquéllos que quieran entregar su vida en favor de los otros en el ministerio sacerdotal o en otras vocaciones de especial consagración. Aunque quizás no tenemos “una buena carretera” … la Iglesia de Lleida os necesita y confía en vosotros.
Y hago extensiva la invitación a los sacerdotes, a los consagrados y consagradas, a las familias y educadores cristianos, animándolos a hacer una llamada “personalizada” sin complejos, compartiendo así la alegría de creer en Jesús y servir a su Iglesia.
Sabemos que la imagen de los consagrados -y la del sacerdote más aún- sigue siendo ‘noticia’ (aunque lo que se publica es el 0,1% de situaciones negativas, “ocultando” el 99,99% de vida callada, entregada, haciendo el bien, que es la de la inmensa mayoría). Yo quiero agradecer públicamente a todos ellos, y particularmente a nuestros sacerdotes, tantos frutos de bien, tantas horas de ayuda silenciosa y escondida, de acompañamiento y apoyo a las personas y de testigo de Dios en las tierras de Poniente.
Y recordemos también en particular: a nuestro Seminario -lo sabéis bien- está integrado en el Interdiocesano de la Tarraconense en Barcelona. Actualmente tenemos sólo dos seminaristas y tenemos que seguir rogando al Señor del sembrado” e invitando explícitamente a posibles “operarios”.
Un seminarista es como una “semilla” de este ministerio presbiteral que tantas de nuestras Comunidades (y de otras por todo el mundo) esperan con ansia. Digamos por lo tanto que en sí mismo, un seminarista es una “semilla de esperanza”, y el Seminario es como un plantel de vocaciones, que, después de la ordenación, trasplantadas a la parroquia y a los otros ministerios, producirán sus frutos.
Puede pareceros un milagro pero la verdad es que, cada año, entran alrededor de 350 nuevos en los Seminarios Diocesanos españoles y reciben el Sacramento del Orden más de 200. En nuestra Cataluña se va remontando más lentamente de lo que nos gustaría, pero seguimos alabando a Dios con esperanza.
Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,
+ Joan Piris Frígola
Obispo de Lleida



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